El vigués que sacrificó playa por música

El 30 aniversario del estreno de la canción «Aquí no hay playa», de The Refrescos, coincide con la publicación del primer libro dedicado a su líder, Bernardo Vázquez

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vigo / la voz

El dilema que hacía dudar (y temblar) a los interlocutores de Pablo Escobar eran: plata o plomo. Afortunadamente, el vigués Bernardo Vázquez nunca se encontró en esa tesitura. Pero tuvo la suya. La dicotomía de su elección personal fue: escenario o playa. Eligió lo primero cantando a lo segundo, echándolo de menos desde Madrid.

«A mí lo que más me gusta del mundo es el escenario y la playa», afirma el polifacético artista que se hizo célebre con el tema Aquí no hay playa, de su grupo The Refrescos. Este año se cumplen 30 desde la grabación de su primera maqueta y del estreno de aquel bombazo en el programa de TVE Cajón desastre, aunque el disco en el que aparece originalmente se editó un año después. Al hilo de esa efeméride, el periodista especializado en música y cine, Sergio Guillén, acaba de publicar el primer libro dedicado al grupo del vigués Bernardo Vázquez.

The Refrescos más allá del a playa (conversaciones con Bernardo Vázquez) es el título de la obra que distribuye Amazon en un formato que al músico le tiene fascinado, ya que solo se puede comprar a través de esta plataforma en Internet, pero únicamente está en formato físico, no electrónico. «¡Es como la vanguardia de la prehistoria!», comenta.

Pero lo que más le sorprende es verse a sí mismo en una publicación dedicada a su persona y su historia. «Cuando me lo propuso me chocó, primero porque... ¿¡quién soy yo, si estoy empezando en esto!? Y luego le dije: ¡pero tío, que no me he muerto! ¿O sí?». Aunque pensándoselo un poco más, concluyó que igual valía la pena, «porque fuera del Aquí no hay playa, la gente no sabe nada de nosotros. Hay quien piensa hasta que soy catalán. Así que ahora, cuando me hagan preguntas, ya les puedo decir: léete ese libro, que ahí está todo».

La sensación de verse protagonista de una semi autobiografía (ya que avanza y se articula a través de una entrevista) la compara Vázquez con el hecho de escribir una canción «que es parte de ti y es tuya, pero en cuanto la publicas y la gente la canta, dejar de serlo. Con el libro me pasa algo parecido. Lo leo como si lo hubiera vivido otro», argumenta.

Sergio Guillén, hay que decirlo, es ferviente admirador de The Refrescos. Ya había hecho antes un libro sobre Javier Andreu, el cantante de La Frontera, que también está entre sus filias sonoras. «En mi caso, además se dio cuenta de que no había nada escrito sobre The Refrescos ni sobre mi, como único superviviente», ríe.

Y no es que le aflija, porque a lo largo de este tiempo ha hecho tantas cosas que el legado de aquel grupo que nació en los estertores de la movida tampoco le parece esencial, pero sí le apena que una canción haya silenciado y eclipsado a las demás por completo. «Eso ha pasado aquí, pero en otros países, como en México, nos conocen por ese tema pero también por el resto de nuestro repertorio como banda de ska y rock. En España, en cambio, nuestro éxito fue masivo y más social que musical. Dejé de cantar ese tema durante años porque ya era demasiado hartazgo», reconoce.

Entre una cosa y otra, Bernardo Vázquez, periodista licenciado en la Complutense, se formó también como actor con Cristina Rota, ha trabajado como productor de musicales, ha presentado programas en Disney Chanel, ha hecho espectáculos poniendo el acento sobre el machismo oculto en letras de canciones y ha formado parte de otros grupos como Circopop, Partizani, Control Z o The Gambas.

Ese chico de Vigo que se fue a Madrid para dejar de ser «el hijo de Lalo»

Miguel Costas, ex Siniestro Total y Aerolíneas Federales, es el autor del prólogo que bajo el título Ese chico vigués, recuerda que la primera vez que lo vio actuar fue en el Vanitas. Costas cuenta que fue uno de los invitados a la grabación del disco en directo de The Refrescos, Let’s ska! (Warner, 2016) con el que el grupo da un salto al presente.

En la charla con Sergio Guillén, Vázquez comienza por el principio. Es decir, por su infancia viguesa, por el entorno familiar y el ambiente cultural que vivió en su casa. «Pero cuando salí, me di cuenta de que el mundo no era así», razona. Su éxodo madrileño también tuvo que ver al principio con un asfixiante entorno local.

Su padre, cronista oficial de la ciudad fallecido hace dos años, era Bernardo Lalo Vázquez Gil, siempre rodeado de amistades artistas, periodistas, políticos... el todo Vigo. Al final su hijo se marchó a la capital escapando de ser «el hijo de Lalo». Y en Madrid encontró su casa. Hace años que es un madrileño de Vigo cuya asignatura pendiente, a pesar de todo, sigue siendo tocar en Castrelos.

El músico afirma que ha estado bien la experiencia del libro para darse cuenta de muchas cosas de las que no se había percatado, «como que valoro mucho el anonimato. Aunque he trabajado en medios que amplifican todo lo que haces, nunca he buscado ser popular. Desde Aquí no hay playa mi lucha siempre fue volver a hacer música para la gente que le gusta el rock y el ska», afirma.

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