A los vigueses les gusta el agua que beben

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Veamos primero los datos.

Abel Caballero se convirtió en el 2015 en el alcalde con mayor respaldo ciudadano en la historia de Vigo (51,8 % de los sufragios). Tres años después, según la encuesta de Sondaxe que hoy publica La Voz de Galicia, resulta que no solo no sufre ningún desgaste sino que sigue subiendo en intención de voto (54,6 %). Y este barómetro también nos indica que el mismo PP que descubrió en las pasadas municipales cómo se hundía su suelo (20,5 % del electorado) continúa bajando hasta poner en riesgo lo de ser primera fuerza de la oposición (15,5 %). Estamos ante un fenómeno sin parangón en el mapa político español, porque en ninguna otra ciudad encontramos a un regidor municipal con semejante nivel de apoyo, y mucho menos si lleva el cartel del PSOE a cuestas. Aun más: Caballero ya fue capaz de contener el empuje de la Marea, que se quedó en un estimable pero irrelevante 11,5 % de los votos, y ahora aparece como el único que frena la ola de Ciudadanos en las urbes gallegas (en Vigo no alcanzaría ni el 5 % que permite entrar en la corporación). Buena parte de los votantes tradicionales de derechas tienen claro a quién votar.

Y ahora vayamos con la opinión.

Habrá quien crea que estamos ante un milagro, pero una parábola explica mejor la situación. La parábola del agua. El alcalde de Vigo mantiene en este mandato la estrategia política que le llevó a conectar con una mayoría social: humanización de calles y confrontación con la Xunta. Acción y reacción. Él hace cosas y las que no se hacen son por culpa de otros. Caballero embellece la ciudad con aceras, adornos y escaleras mecánicas mientras cultiva una sobreexposición pública para señalar a Feijoo por no habilitar un párking gratuito en el hospital, por no subvencionar vuelos en Peinador, por no ceñir a las islas Cíes la candidatura a patrimonio de la humanidad, por no permitir un bonobús exclusivo para vigueses, por no defender un AVE con Ourense, por no dejar que se reforme la Gran Vía... ¿Y qué hace el PP? Incapaz de contrarrestar esos ataques y de tener un discurso en positivo para la ciudad, su principal batalla en el último año fue cuestionar la calidad de agua que sale de los grifos de las viviendas. Se empeñaron por tierra, mar y aire. Pero nadie les hizo caso. Su inútil campaña, al final, reforzó al alcalde. A los vigueses les gusta cada vez más el agua que beben. Así que el único riesgo de Abel Caballero, de aquí a un año, es morir de éxito.

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A los vigueses les gusta el agua que beben