Zona Franca


Se cumplen 60 años de la primera piedra del polígono de Balaídos. Es una efeméride que a los vigueses les dirá poco, pero a Vigo, mucho. Porque suele citarse la Reconquista como el hecho histórico que nos dio el título de ciudad. O el lazareto de San Simón como el impulso clave para este puerto. Pero olvidamos a menudo la importancia estratégica que tuvo la creación del Consorcio de la Zona Franca de Vigo.

Desde que, en 1947, el Estado concedió a Vigo la tercera zona franca, con las de Barcelona y Cádiz, hubo un largo camino hasta que fuese operativa una década más tarde. Pero en abril de 1958 comenzaban a salir automóviles de la primera factoría de Citroën, emplazada de forma provisional en una nave de As Avenidas. Al mismo tiempo, comenzaba la adaptación de 600.000 metros cuadrados en Balaídos, para los que hubo que expropiar dos mil pequeñas fincas. Y pedir un crédito a la extinta Caja de Ahorros Municipal de Vigo, que aportó 13 millones de pesetas, mientras que el Estado apenas entregó una subvención de 1,5 millones. Como resulta tradicional, Vigo está acostumbrada a hacerse a sí misma.

Hoy aquella Zona Franca es un gigante económico que impulsa a la ciudad y a su área metropolitana. Sus parques alojan a más 500 empresas y generan la cuarta parte del empleo local. Y lo que comenzó en Balaídos está hoy en Bouzas y en el Parque Tecnológico y Logístico, en Valadares. Y avanza en Nigrán con Porto do Molle. Y en Salvaterra con la Plisan. Algún día los libros de historia hablarán de Zona Franca como gran motor de Vigo. Por ahora, normalmente ignorada, festeja sus 60 tacos a lo suyo: trabajando.

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