«Hemos venido aquí para aportar»

Los venezolanos que llegan a Vigo escapando del régimen de Nicolás Maduro buscan nuevas oportunidades y también realizar inversiones y generar empleo en la ciudad


vigo / la voz

La comunidad venezolana crece en Vigo y su área. La crisis política y social que vive la república bolivariana bajo el régimen de Nicolás Maduro está provocando un éxodo masivo de una parte de su población a otros países en busca de unas mejores condiciones de vida. Muchos venezolanos que pueden permitirse pagar un billete de avión han elegido Galicia aprovechando los lazos que les unen por el idioma y la emigración. Y Vigo es una de las principales ciudades receptoras. Según el Instituto Galego de Estadística, en la ciudad olívica y los municipios del sur de la provincia el año pasado había un total de 824 venezolanos censados, cien más que en 2010. La cifra alcanza los 1.249 sumando los descendientes de gallegos y emigrantes retornados. Buscan insertarse en el mercado laboral, pero también vienen dispuestos a realizar inversiones, abrir nuevos negocios y crear empleo con los ahorros que se han traído de su país. «Hemos venido a aportar», resume Lisbeth Rojas, abogada en ejercicio y asesora legal de la recientemente constituida asociación Venezolanos Unidos en Vigo.

Rommel Chávez, por ejemplo, es ingeniero industrial y lleva siete meses en la ciudad. Vino con su familia y sus tres hijos de 10, 14 y 16 años después de haber sido víctima de dos intentos de secuestro en Venezuela. «Me gustó Vigo porque vi mayores posibilidades de negocio y actualmente me encuentro estudiando qué tipo de negocios podría poner en marcha». Klaribel Reyes llegó hace cinco meses de Isla Margarita. La situación era insostenible porque, pese a tener una empresa inmobiliaria y ser productiva, no tenía acceso a productos básicos ni medicamentos. Empezaron de cero abriendo un bar en la calle Rosalía de Castro, La Terminal, que cuenta con dos empleados. «Cuando metes tu vida en tres maletas, es duro comenzar de cero, pero en esta ciudad recibimos un trato excelente», señala.

Se escapan de Venezuela personas muy capacitadas porque ven que no pueden prosperar bajo el régimen de Maduro con unos sueldos miserables. Rosibel Cortesía, de 24 años, es técnico aeronáutico y comenzó su carrera como despachadora de vuelo en las torres de control de un aeroclub privado de Carabobo y cada vez fue teniendo más responsabilidades. A pesar de ello el sueldo no alcanzaba para mantener a su familia. «Era espantoso llegar a casa y ver a mi madre comer arepas con mantequilla, era horrible», afirma. Otros tuvieron que cerrar sus negocios. Mónica Galarraga cuenta que tenían un restaurante y un bodegón que regentaba con su esposo, hijo de un español «Fuimos abordados con pistolas y nos quitaron la moto para pedirnos después un rescate. Es la misma policía la que comete esos abusos. Nos fuimos viniendo abajo y tomamos la determinación de marcharnos».

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