El Sergas se resigna a reducir el número de operaciones al menos toda esta semana

Mantendrá en suspenso las peonadas hasta terminar de sustituir todos los contenedores contaminados


Vigo / la voz

Hubo un tiempo en que el Hospital Álvaro Cunqueiro se acostumbró a vivir en lo extraordinario. Ocurrió al principio, cuando el centro sanitario estaba recién abierto, y cada día sucedía algo: una protesta por el aparcamiento, un par de operaciones suspendidas porque el instrumental llegaba sucio al quirófano, una movilización con gritos en el vestíbulo, unos menús para pacientes que no incluían aguas, salas de cirugías que permanecían inactivas... En aquellos meses de finales del 2015, lo extraordinario era normal y los desajustes solo llamaban la atención cuando el escenario general se tambaleaba y, por ejemplo, se rompía una cañería que hacía llover aguas fecales sobre las urgencias. Todo lo demás había dejado de ser noticia.

El Cunqueiro vuelve a vivir actualmente días normales dentro de lo extraordinario. Lo extraordinario es que cada día se esté analizando si los contenedores que transportan el material quirúrgico tienen óxido de aluminio, que cada mediodía se esté haciendo la programación quirúrgica del día siguiente en vez de realizar una planificación semanal, que se estén practicando pruebas en la central de esterilización, que las peonadas (operaciones de tarde, que se pagan como horas extras) permanezcan suspendidas y que todas las mañanas se crucen los dedos para que ninguna incidencia rompa la programación y permita completar todas las cirugías que se planifican el día anterior. Todo ese escenario es extraordinario, pero, dentro de él, la normalidad se produce cuando no ocurre nada. O nada más.

Así que el Álvaro Cunqueiro vive días normales dentro de lo extraordinario. La dirección tiene montado un gabinete de crisis desde que el pasado jueves por la tarde se empezaron a suspender operaciones, y fueron siete, por la aparición de un polvo blanco en el instrumental quirúrgico. Y acabarían siendo 46 cirugías en 48 horas.

Según explica la dirección, ya se da por hecho que esa situación extraordinaria durará como mínimo toda esta semana; probablemente, más. «Non é previsible ningunha modificación substancial do dito ata a programación da próxima semana», resume, sin concretar más, una fuente oficial de la dirección del área sanitaria. Por lo demás, «a programación cirúrxica programada estase a desenvolver nos rangos da máis estricta normalidade, unha vez adoptadas as medidas comunicadas a finais da semana pasada». Y todo eso tiene mucho de aparente normalidad, pero revela un escenario extraordinario. Porque refleja que todas las medidas especiales que se activaron por la crisis de la esterilización del material quirúrgico se mantienen y que hay que ir día a día, paso a paso, planificando cada operación con suma cautela y teniendo en cuenta que la central de esterilización está, de nuevo, en pruebas, como si fuese más nueva de lo que es, aunque tiene menos de dos años.

El hospital de Beade es el más afectado por lo extraordinario de la situación, porque en él se hace menos volumen de operaciones, aunque son más complejas. Esto provoca que se necesiten más cajas de material quirúrgico para cada intervención -el gerente decía la semana pasada que en las cirugías de columna, por ejemplo, se necesitan diez contenedores de material- y hace más probable que se suspendan.

En el Meixoeiro se mantiene la cirugía de tarde solamente en oftalmología, que utiliza un material que no se porta en los contenedores que están afectados.

El problema es que analizarlos todos llevará su tiempo. Fuentes sanitarias explican que el polvillo blanco, que posteriormente fue identificado como óxido de aluminio, queda depositado en el fondo de los contenedores, ni siquiera en el material. El personal de esterilización que se percató de él hace ya dos meses le pasaba un trapo para limpiarlo y que no afectase al instrumental, aunque nunca llega a estar en contacto. Como la ambiciosa idea del Sergas es hacer una auditoría a fondo de los recipientes, el personal tiene que lavar a mano cada uno para, después, introducirlos en el sistema de esterilización y comprobar en cuáles vuelve a aparecer óxido. Esto será más lento de lo que se esperaba, ya que en todo un fin de semana, cuando la actividad es más baja, solo se pudieron analizar 600 de 1.900 cajas.

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