«El Corte Inglés nunca desaparecerá»

Antonio Rodríguez Lijó, exdirectivo de los grandes almacenes, repasó su trayectoria ante jóvenes empresarios


vigo / la voz

Aunque de niño estudió en el Colegio Alemán, Antonio Rodríguez Lijó (Vigo, 1945) entró a trabajar para El Corte Inglés en 1974 y se jubiló en el 2009. Más de treinta años vinculados a la catedral del comercio español donde fue jefe de contabilidad, jefe de organización, director administrativo y director gerente con categoría de subdirector. Ayer habló de su experiencia ante jóvenes emprendedores en una charla que tuvo lugar en el Círculo de Empresarios, pero su historial profesional arrancó mucho antes.

-¿Iba para empresario?

-Creo que sí. A los 9 años entré en el Conservatorio e hice cuatro cursos de solfeo y primero de piano pero después, a los 11, ya entré en la escuela de comercio. Antes no se iba después del bachillerato. Hacías cinco cursos y salías como perito mercantil. Si seguías estudiando, en tres años te hacías profesor mercantil. Eso hice. Y al acabar, tras ir a milicias universitarias a Monte la Reina, me fui a estudiar a Bilbao. Empezaban las facultades de económicas y allí había una de las tres primeras, aunque dependía de la universidad de Valladolid. Y al acabar me vine a Vigo.

-¿Cuál fue su primer empleo?

-En Aycasa, que estaba en un proceso de fusión en la que intervenían varios astilleros. Me llamaron para que orquestase la cuestión económico administrativa. Fui jefe de contabilidad y luego de personal. Era un momento dulce. España había pasado un período complicado que empezaba a remontar. Había cierta alegría y trabajo, que duró un tiempo hasta que los astilleros empezaron a frenar, pero antes se crearon una serie de empresas como Ascón, Cartalsa o Sónar, que completaban la construcción naval. Mi empresa empezó a buscar alternativas de negocio fabricando barcos de vela pequeños, que llevamos a los salones náuticos de Barcelona y Murcia. Después me fui al sector de la conserva en Antonio Alonso, Palacio de Oriente.

-¿Cómo fue el salto a El Corte Inglés?

-Pues fui un fichaje. En aquel momento hacían falta técnicos en gestión y administración y buscaron gente en la Escuela de Comercio. Me invitaron a participar en unas pruebas de selección. Yo estaba recién casado y accedí.

-A pesar de todo ese bagaje aún era muy joven, ¿no?

-Tenía 29 años. Ese fue mi trabajo más estable aunque también quedé muy satisfecho de mi labor en la fábrica de conservas.

-¿Poner en marcha El Corte Inglés en Vigo fue un reto?

-Más de lo que se cree, porque en aquel momento se hablaba mucho más de Galerías Preciados. Yo me di cuenta de la gran empresa que era cuando fui a Madrid para comenzar la formación previa. Cuando me contrataron les dije que me consideraba preparado, pero ellos me decían que no, que por lo menos tenía que estar allí un año o año y pico. Cuando llegué, lo entendí. No me dio tiempo a pasar por todos los departamentos.

-¿Cambió mucho?

-Lo que cambió más fue el escenario. El Corte Inglés siempre tuvo la virtud de anticiparse, siempre fue una empresa muy previsora en todos sus aspectos, incluso en la adaptación a los mercados y las crisis, que vieron venir mucho antes. En esta última también tomó decisiones muy positivas.

-¿Qué hubo que cambiar?

-El mercado ha cambiado. Nuestra máxima era la atención máxima al cliente, pero el cliente también es diferente. La fidelización es muy difícil. Es un mundo mucho más rápido que el de mi época. La gente ahora lo quiere todo de ya para ya.

-¿Cree que en el futuro habrá un Corte Inglés virtual y desaparecerá el físico?

-Lo primero no lo dudo, pero que desaparezca no lo vamos a ver. Será distinto, y cada vez más, un centro de ocio.

«¿Humanizar la Gran Vía? Me estremece, hay que pensarlo mucho»

Tras 42 años al pie del cañón, Antonio Rodríguez Lijó no se dedica, como muchos jubilados, a ver obras. A su perfil le va más ponerse manos a la obra en otras actividades.

-¿No le apetece parar?

-El concepto de la edad ha cambiado. En mi época, a los 14 años había niños trabajando y a los 50 eras viejo, ya estabas fuera de la circulación activa. Yo ahora tengo 73 años y tengo cosas y vivencias que aportar. A la población hay que formarla en experiencias en la medida de lo posible.

-¿Qué hace?

-Por ejemplo, colaboro en el Banco de Alimentos porque hay gente que necesita ayuda y lo hago en la medida de mis posibilidades. También estuve en la organización del Festival Aéreo porque me parecía que también era bueno para Vigo. Y ahora estoy con la Fundación Traslatio, que en el 2021 celebrará la llegada del cuerpo del apóstol a Galicia con una expedición naval de grandes veleros desde Italia.

-Hablando de transformaciones. El hecho de que Gran Vía cambie ¿le gusta o ya la echa de menos?

-El Corte Inglés pasó por muchas vicisitudes. Ya desde el famoso scalextric, que nos echaban a nosotros la culpa y no teníamos culpa ninguna. Vigo es una ciudad que se las trae en cuanto a la movilidad. Te obliga mucho a usar el coche. El proyecto de Gran Vía lo veo bien para eso, pero hay que pensarlo profundamente, porque es una vía de comunicación importantísima con Traviesas, Navia, Castrelos o Beade ya que el primer cinturón sale en una rotonda complicada. La fluidez no se puede perder. ¿Humanizarla? A mí me estremece, pero no quiero decir que esté mal. Tendría que hacer un estudio profundo. En este momento la ciudad está dividida.

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