La división sindical llega también a la lucha por la pensión

CC.OO.-UGT y la CIG celebran protestas a la misma hora pero separadas en vísperas del Primero de Mayo

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Vigo / La Voz

Camina confuso entre decenas de banderas con estrellas rojas, en el cruce de Vía Norte y Urzaiz.

-La manifestación por las pensiones que organiza UGT ¿dónde es?

-Allí abajo -contesta el policía local, con un leve gesto de cabeza, resignado.

-¿Y entonces esta manifestación por qué es?

-Eh... -el policía resopla-. También por las pensiones, pero es de la CIG.

En torno a dos millares de personas se pusieron la camiseta nacionalista y en torno a otros dos millares se vistieron la no nacionalista ayer a mediodía, a la hora de misa de domingo, para protestar por unas pensiones que suben exactamente lo mismo (un 0,25 %) para los que portan un carné ideológico y para los que portan el otro. Vigo es así: hasta para protestar contra la exigua subida de las jubilaciones pueden celebrarse dos manifestaciones que compartan una parte del recorrido y del reloj, pero cuyos responsables hagan ostensibles esfuerzos por no tocarse.

«Facemos un chamamento aos compañeiros da CIG pola unidade. Temos que superar as divisións por temas puntuais», clamaban los promotores de la protesta de Comisiones Obreras y UGT al leer el manifiesto, en las escaleras del Marco. El Primero de Mayo gallego es fundamentalmente vigués. En el motor industrial suelen coincidir las manifestaciones centrales de los sindicatos y, año tras año y a pesar de que la sociedad se hallaba enfrascada en la dura crisis económica, financiera y laboral, los sindicatos han logrado el difícil reto de que su división persista. Las manifestaciones de ayer eran también una forma de calentar motores para el Día del Trabajo, en el que las pensiones serán el tema central. Así que todo apunta a una división como la de ayer. Aunque el hecho de que las pancartas muestren logotipos diferentes no impide que se compartan algunos cánticos.

-¡¿E a culpa de quen é?!

-¡Dos que votan ao PP!

Herminio González es uno de esos pensionistas que apenas superan los 600 euros al mes. Su mujer, Otilia Fontenla, no cobra nada.

-Eu veño por solidaridade -dice él, la voz motor diésel.

-¿Solidaridade con 600 euros? Seguro que tamén vén un pouco por vostede...

-¡A min xa pouco me queda!

La pareja se resigna. Admite que tienen ahorros. Es que si no... Pero lamentan que en una mañana de domingo no haya nadie de menos de 40 protestando, porque el de las pensiones no es tanto un asunto de mayores actuales como de futuros mayores.

Y, en efecto, pocos jóvenes hay. Uno de los que sí están es Jose Costas, 40 años, trabajador del naval, que camina tranquilo con sus hijos. «No es que me manifieste por los jubilados, es que ellos se manifiestan por mí... y por mis hijos, que vienen detrás», reflexiona. No sabe si, cuando le toque, tendrá la suerte de cobrar una pensión.

Sí la cobra la canguesa Carmen Nores desde hace tres años. No se queja tanto de la cantidad, que, dice, es media, sino de que con ella tiene que ayudar a sus dos hijos por la precariedad que todavía azota a muchos jóvenes. Una chica universitaria que tuvo que emigar, un chaval contratado en precario. «Así non se pode vivir», protesta. «A nosa xeración traballou moito. Loitamos pola independencia das mulleres, que tiñamos que conseguir un traballo coma o dos homes e despois traballar na casa», recuerda.

«¡Poder adquisitivo, se non, non vivo!», grita el megáfono. «Sube todo e a pensión non», concuerda José Alfaya, parco en palabras, al que jubiló Álvarez.

«Os dereitos non se herdan, conquístanse», proclama Carmen Avendaño al leer el manifiesto. Pero los mayores también quieren dejarlos en herencia.

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