El eucalipto brota ya sin control en zonas incendiadas hace seis meses

Colectivos de Matamá dan la voz de alarma al temer que se cree un nuevo polvorín


vigo / la voz

Seis meses después de los incendios que pusieron en jaque a Vigo, los eucaliptos vuelven a resurgir de sus cenizas sin ningún plan ni medida de control que acabe con ellos, aunque se encuentren a escasos metros de las viviendas. Colectivos de Matamá han dado la voz de alarma y las comunidades de montes empiezan a adoptar medidas. Son conscientes de que el mayor problema no está en sus terrenos, sino en las fincas particulares, que de dejarlas a su suerte pueden convertirse en un auténtico polvorín.

La mancomunidad de montes de esa parroquia y el colectivo Malaherba han creado viveros de especies autóctonas con un total de 34.000 simientes para repoblar la zona en cuanto sea posible. El objetivo es parar el proceso de expansión del eucalipto, cuyas semillas se abren con el calor y se expanden con mayor facilidad, lo que puede generar situaciones mucho más peligrosas que las registradas con los incendios del pasado octubre, según observan comuneros y vecinos.

«Matamá va a quitar todo lo que pertenezca a la comunidad de montes, vamos a luchar y a pelear contra él, reforestaremos y recuperaremos el bosque autóctono con 50 especies. El eucalipto es increíble, una máquina, va a costar sacarlo del medio, es un trabajo a largo plazo, pero todo lo quemado ya está talado», explica el presidente de la comunidad de montes, Indalecio Bastos. Reconoce que el verdadero problema no está en los montes comunales, sino en los terrenos particulares: «Es el grave problema de Vigo. Hemos creado un registro de fincas privadas para identificar las máximas posibles, de momento tenemos medio centenar, faltan muchas por identificar y no todos los propietarios quieren cambiar de especie como les proponemos. Al mismo tiempo contactamos con una ingeniera de montes que habla con los propietarios y valora la madera quemada para que se pueda vender», añade.

Otro colectivo que se lo ha tomado muy en serio es Malaherba. «El tema de los eucaliptos es un problema grande; donde había uno ahora nacen mil debajo y como el terreno está abandonado por sus propietarios se va a crear un bosque descontrolado. La normativa marca una distancia de 50 metros alejados de las casas, del resto no dice nada y lo deja tal cual, como salga, de ahí el abandono ante el que no podemos actuar», explica el secretario de la organización, Marcos Alonso.

La entidad ha plantado 20.000 simientes de carballos y sobreiras en un vivero situado en una finca privada de Matamá que le han dejado para ese fin. Ahora tendrá que esperar en torno a dos años hasta que los árboles cojan altura para poder trasplantarlos en el monte.

«Es una barbaridad que se permita que continúen encima de las casas, deben de estar acotados»

Las comunidades de montes de Vigo no creen que sea justo que mientras que ellas se esfuerzan en mantener el terreno lo más limpio y equilibrado posible, no se haga nada para exigir el mismo trato en las fincas privadas.

«Me parece una barbaridad que el eucalipto tenga una continuidad casi encima de las casas, alguien lo está permitiendo. Tampoco deben de estar cerca de los viales y nadie hace nada por evitarlo. Deberían de estar acotados en zonas concretas», indica el presidente de la mancomunidad de montes de Vigo, Uxío González. Advierte que no solo brotará el eucalipto de las cenizas, sino que también lo harán las acacias.

El presidente de los comuneros de Matamá, Indalecio Bastos, asegura que no hay ninguna comunidad de montes en Vigo, desde Saiáns a Teis, que tenga eucaliptos encima de las viviendas. Lo que hay, insiste, es privado.

«Algunas comunidades lo eliminan de todo el monte y otras solo de las proximidades de las viviendas, porque es lo único que da cuatro perras para hacer algo en el monte, las administraciones no te van a compensar su falta», apunta Bastos. Su vivero forestal cuenta con 14.000 semillas de especies como carballo, sobreira, arce blanco, madroño y acebo. Recientemente llevó a cabo la plantación de cuatrocientos árboles patrocinada por una marca de refrescos. «No se trata de cortar y de no plantar nada, porque si no, muchos vuelven a salir otra vez. Hay que actuar, plantar un bosque de robles y cuidarlo para que llegue a una edad adulta», subraya el representante de Matamá.

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