Más allá del arroz tres delicias

Una pareja de vigueses monta el primer restaurante local de auténtica comida asiática callejera

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vigo / la voz

La aventura culinaria que la pareja formada por Ruth Mesonero y Miguel Rodríguez emprendieron hace cinco años en Singapur ha redundado finalmente en beneficio de la hostelería local. Gracias a ellos, Vigo cuenta desde hace solo un mes con un restaurante cuya especialidad es la comida asiática callejera. No es fácil. Hay que estar muy seguro para meterse en una gastronomía tan especial. Pero Ruth y Miguel se han bregado en locas cocinas llenas de vietnamitas, filipinos, malayos, indios y otras nacionalidades de las que también absorbieron conocimientos,

Ambos vigueses (Ruth nació en A Coruña, pero por «casualidad») se formaron en escuelas de hostelería, él en la Escola de Villamarín, en Ourense, y ella en la Escuela Aloya de Vigo. Esa fue su formación básica desde los 17 años, ya que luego aumentaron conocimientos con diversos cursos especializados. Los dos son muy viajeros. Estuvieron en Londres varios años, pero no coincidieron allí. Ella trabajó 5 años entre el País Vasco y Navarra, con el cocinero Francis Paniego y en las bodegas Marqués de Riscal. Fue en Vigo donde se encontraron hace nueve años mientras cada uno trabajaba en cocinas de locales diferentes. Viendo que la ciudad estaba entonces bastante parada, en el 2012 decidieron hacer las maletas. Barajaron también Hong Kong, pero el sitio elegido fue finalmente Singapur. «En un momento en el que además había un bum, muchos europeos estaban abriendo restaurantes allí», cuenta ella.

Estuvieron en la capital del país cinco años y la pareja reconoce que se adaptó fácilmente y disfrutaron de una mezcla cultural increíble, de gente de Malasia, China, India, Japón, Australia.... de todas partes, que es algo que Hong Kong no tiene tanto», apunta. Lo que más les sorprendió es que la gastronomía asiática que llega hasta aquí no se parece en nada a la que se ve en origen. «La cocina china no tiene nada que ver con los restaurantes chinos que hay en España, en los que intentan adaptarse a lo que creen que nos puede gustar más. La de allí es súper variada, la calidad de los ingredientes es muy alta e incluso tienen cosas muy parecidas a las nuestras», manifiesta.

Durante esa etapa estuvieron trabajando en cocinas y cada vez que podían, aprovechaban para empaparse del continente viajando por Vietnam, Tailandia, Birmania, Camboya, Indonesia, Malasia y todo el mapa mundi que pudieron abarcar. Llegó un momento en que se plantearon cambiar de país pero finalmente optaron por regresar a casa con todo lo aprendido, con un proyecto diferente y único. No era el que han hecho realidad. Era otro, pero se desengañaron y cambiaron sobre la marcha. El resultado es el restaurante Chao Da, su primer negocio propio y juntos. No hacen wok, no hacen fusión, no hacen sushi. No hay nadie en Vigo que practique la cocina que ellos han llegado a dominar, un tipo de gastronomía callejera asiática artesana y accesible a todos los bolsillos. Encontraron el espacio perfecto (Rogelio Abalde, 9) en el local que ocupaba un clásico vigués, el San Amaro, que ahora está en el contiguo.

Miguel diseñó el logotipo, inspirado en los sellos chinos, y el nombre del local es una expresión en hokkien, un dialecto del mandarín que oyeron mil veces. Sus compañeros en Singapur gritaban «¡chao da!» cada vez que se les quemaba la comida.

Según explica Ruth, funcionan «con materia prima fresca con alta rotación de stock parar que al día siguiente llegue todo nuevo». Miguel añade que su forma de trabajar depende, sobre todo, de las verduras que les consiguen sus fruteros «y según esto adaptamos la receta. Por eso no hay carta fija». Lo que sí intentan tener son algunos platos como los banh mi, que son bocadillos vietnamitas, los bao (bocadillos al vapor), empanadillas asiáticas como las gyozas o los dumplings, cambiando los rellenos y sabores. También intentan tener siempre alguna sopa. La estrella del momento es el ramen japonés con huevos marinados, que requiere de dos días de elaboración a fuego lento. Prácticamente se ocupan ellos de todo y en la rotación está la rentabilidad del negocio, por eso viernes y sábados no admiten reservas para que haya más movimiento. Y lo hay. Las raciones son pocas y vuelan.

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