Los frailes de la Reconquista

Los religiosos del convento de San Francisco se convirtieron en guerrilleros en la lucha por la liberación de Vigo. Algunos colgaron los hábitos y empuñaron las armas


En la historia de la Reconquista aparecen combatientes de todos los estratos sociales: labriegos, marineros, comerciantes, nobles, empresarios... y también frailes. Porque los del convento de San Francisco, sobre la ribera de O Berbés, se erigieron en grandes protagonistas de la victoria contra la ocupación de las tropas napoleónicas en 1809. Algunos colgaron los hábitos y empuñaron las armas. Otros lucharon en la retaguardia, ejerciendo como correos o robando munición a los franceses para pasarla de estraperlo a los sublevados.

Uno de los más notables de entre aquellos religiosos fue Andrés Villageliú, Predicador Primero del convento de San Francisco. Huido del cenobio días antes de la toma de Vigo, logró contactar con el abad de Valadares, que le nombró su ayudante. Durante la ocupación, protagonizó numerosas acciones, entrando y saliendo de la villa, a menudo disfrazado, para llevar pólvora y municiones a los sublevados. Y, tras la victoria, fue enviado a Sevilla, a bordo del buque Fernando VII, a dar noticia del éxito. Más tarde, en la batalla de Pontesampaio, organizó a los frailes para que fabricasen cartuchos de munición. Y, en febrero de 1810, tomó posesión en A Coruña como miembro de la Junta Superior de Galicia. Además, en agosto de 1810 fue nombrado teniente coronel y se incorporó a las Cortes del Supremo Gobierno de Cádiz como uno de los 25 comisionados de Galicia. Sin embargo, Villageliú tuvo que renegar de sus tendencias liberales y, en 1811, regresó al convento. Volvió a la política con el Trienio Liberal, pero con la reacción de Fernando VII, y el comienzo de la Ominosa Década, pasó a la marginación más absoluta, como párroco de una pequeña aldea ourensana.

Otro fraile combatiente fue Tomás Martínez. Natural de Matamá, tenía 51 años cuando la Reconquista. Era el guardián del convento de Santa Marta durante la ocupación y sus crónicas de los abusos de los franceses son una fuente documental de primera magnitud. Su gran aportación fue la fabricación de cartuchos para los combatientes. Además, organizó la salida de víveres y dinero para los guerrilleros de O Fragoso. Murió en 1823, después de haber alcanzado el rango de presidente del convento franciscano de Santa Marta.

Más conocido es Francisco Giráldez, quien al igual que Villageliú, abandonó el convento de San Francisco con la llegada de los franceses, uniéndose a la guerrilla y levantando al pueblo en toda la comarca de Vigo.

Este fraile franciscano llegaría a ser Comandante General de A Louriña, y fue uno de los héroes del sitio de Tui. Tras la Batalla de Ponte Sampaio, alcanzó el rango de Capitán del Regimiento de la Unión, con el que participó luego en acciones en Asturias y Tordesillas. Después de esta etapa como militar, regresó al convento de Santa Marta, donde se le dio el cargo de Lector de Casos a partir de 1819.

También dejó el convento de San Francisco, para unirse a la rebelión, Ambrosio Domínguez, quien participó en el cerco de Vigo y de Tui, además de en la toma de Santiago y en la batalla de Ponte Sampaio.

Pero el caso de los frailes de San Francisco no fue aislado. Es evidente que la Iglesia tenía mucho que perder con la llegada de las ideas revolucionarias. Y por eso encontramos a los religiosos en primera línea de combate. En Vigo y su entorno destacó especialmente Mauricio Troncoso, abad de Couto, que en febrero de 1809 se erigió en el principal caudillo de la sublevación contra los franceses, enfrentándose al mismísimo mariscal Soult en el puente de Mourentán.

Troncoso sumó apoyos entre los paisanos y montó un pequeño ejército con el que organizó el cerco de la ciudad de Tui. También combatió en la batalla de Pontesampaio. La Junta Suprema le concedió la Cruz de Carlos III y una canonjía en Santiago. Murió el 31 de mayo de 1817.

Y otro de los héroes de la Reconquista fue el abad de Valadares, Juan Rosendo Arias Enríquez. Nacido en Bande en 1757, fue abad durante más de treinta años, y organizó la revuelta viguesa junto al alcalde del Fragoso, Cayetano Parada y Pérez de Limia. En su cuartel general, que luego sería trasladado a Lavadores, se preparó el sitio y posterior asalto a la plaza, mandada por el comandante Chalot. Tras el éxito de Vigo, Juan Rosendo Arias recibiría la Cruz de Carlos III y el escudo de honor que se dio a los más importantes protagonistas de la Reconquista de Vigo. Así que las sotanas también combatieron en la Reconquista de Vigo.

Y el próximo fin de semana tendremos ocasión de ver a alguno de estos frailes en la recreación que ya ultiman los infatigables vecinos del Casco Vello vigués.

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