El sector del transporte denuncia la vuelta de camiones del Este a Samil

Equipara su actividad al «contrabando» por eludir los impuestos españoles


vigo / la voz

Casi una treintena de camiones de pequeño porte y furgonetas matriculados en países del Este de Europa han vuelto a establecer su base en los aparcamientos de la playa de Samil, desde donde compiten a bajo precio con las firmas locales y autonómicas del transporte.

Aunque su actividad es legal, las organizaciones del sector no dudan en reclamar su regulación para garantizar una competencia en igualdad de condiciones tanto en costes como en requisitos legales. «En realidad lo que hacen es contrabando de transporte», considera Antonio Señarís, presidente de la Federación Empresarial de Transportes de Mercancías por Carretera de Galicia. Basa su comparación en que la mayoría de las firmas que hay detrás de los camiones llegados principalmente de República Checa, Rumanía y Bulgaria, son empresarios españoles que dan de alta en esos países sus sociedades, contratan a trabajadores allí también, pero operan casi exclusivamente en España eludiendo la fiscalidad y costes laborales españoles. «Sus salarios equivalen a un tercio de los nuestros y los costes por trabajador por los mismos servicios pueden llegar a ser al mes de 1.800 euros menos», apunta Señarís.

El salario base de un conductor rumano está situado en 500 euros, a los que se suman 50 más destinados a su Seguridad Social, según las cuentas de la organización de transportistas gallegos. La factura en España es, en cambio, de 1.271 euros de sueldo, más 650 euros de Seguridad Social y 450 de IRPF trimestrales. «La diferencia es más que notable, porque mientras nosotros tenemos que cumplir la legislación por trabajar en España, ellos lo hacen también aquí pero siguiendo las normas y fiscalidad más favorable de sus países. Perdemos nosotros y pierden Hacienda, la Seguridad Social y por ello todos la sociedad gallega y española», abunda Antonio Señarís.

«El Gobierno no nos apoya, mientras que en Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Holanda... sí que les han obligado a estas empresas del Este a adaptarse a su legislación nacional», lamenta Juan José Gil, secretario técnico de la Federación Nacional de Asociaciones de Transportes de España. A esa ausencia de regulación de la actividad de transportistas extranjeros en el país achaca que la actividad de los camioneros rumanos en España haya crecido un 50 % y un 25 % los de matrícula de Bulgaria.

La procedencia de la mayoría de los camiones ligeros y furgonetas presentes en Samil es de la República Checa. Sus conductores viven en la propia caja del vehículo mientras no son contratados, y utilizan los baños públicos del arenal para asearse. Se distribuyen por dos o tres aparcamientos, y una autocaravana hace las veces de oficina y puesto de vigilancia para todos sus compatriotas.

«No cuentan ni con sede física ni tienen ningún tipo de gasto de establecimiento como nos ocurre a nosotros», añade el responsable de la organización de transportes gallega, que no oculta su sorpresa por que el Ejecutivo estatal haya eludido considerar sus reclamaciones sobre el tema, pese a la minoración de ingresos fiscales que supone y el daño que sufren las empresas del sector nacionales.

La oposición llegó a plantear en el Congreso de los Diputados en septiembre la adopción de un freno legal a las empresas del Este, pero su desarrollo se encuentra paralizado.

Distribución «en cigüeña» de camiones a furgonetas con el arenal de fondo

Los transportistas gallegos han constatado que además de realizar portes por Galicia y el resto de España con los pequeños camiones y furgonetas, también ha empezado a utilizarse ese tipo de vehículos para repartir la carga de mercancías llegados en grandes transportes a Vigo y otras zonas industriales de la comunidad. La pasada semana ese traslado de mercancías, denominado en el sector «transporte en cigüeña», fue realizado en la misma carretera de Samil con la participación de varios conductores de los vehículos estacionados en los aparcamientos de la playa. «No se les exige trabajar en plataformas de descarga y no es seguro el trabajo tal y como lo hacen», apunta Antonio Señarís (Fetram), que añade que dichos profesionales no son sometidos a ningún tipo de inspección. «Solo vuelven a sus países a pasar la ITV», advierte Juan José Gil (Fenadismer), que incluso mantiene que muchos de los vehículos formaban parte de las flotillas de empresas españolas, cuyos dueños las llevaron a rematricular a países del Este al deslocalizar allí sus sociedades.

Con los pequeños vehículos evitan tener que someterse a los descansos legales, portar tacógrafo o registrar sus tareas como deberían hacer si la misma mercancía fuese ubicada en un solo camión de mayores dimensiones.

El sector del transporte vigués y gallego lleva cuatro años denunciando la competencia del Este que consideran desigual, pero constatan que además de en Samil se ha disparado en zonas como Arteixo y el área de servicio de Coirós. «Allí hay de todos los países del Este», aseguran.

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