La plaga de la velutina ya obliga a los productores de miel a recluir las abejas

flor robleda VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Oscar Vazquez

El sector camina hacia un modelo de gestión más caro y que exige más dedicación

28 ago 2018 . Actualizado a las 13:39 h.

La avispa velutina es un vecino incómodo al que va a ser muy difícil expulsar y con el que toca convivir intentando minimizar su impacto. Eso es algo que han asumido los apicultores gallegos, especialmente los que tienen colmenas en las zonas del litoral y su entorno, donde las temperaturas agradables generan un hábitat cómodo para esta especie invasora. Por ello, al margen de los métodos habituales para disminuir la población de avispa asiática, los productores de miel están dando un giro al modelo de gestión de sus colmenas.

La velutina es una depredadora de abejas, a las que captura al vuelo y aniquila. Pero la abeja produce la miel entre los meses de febrero y junio, época en la que la avispa asiática no ejerce presión sobre ellas. De esta forma, la presencia de esta plaga no afecta directamente al volumen de miel que recolecta el apicultor en cada campaña.

La amenaza llega a partir de los meses de verano, cuando la avispa asiática inicia su actividad y con ella el acoso a las abejas, que siguen saliendo al exterior para recolectar nutrientes. En ese viaje muchas son devoradas, situación que pone en jaque la supervivencia de la colmena y el relevo de abejas viejas en favor de las más jóvenes, las únicas que podrán afrontar la producción de miel en la siguiente campaña. El antídoto pasa por evitar que estos insectos salgan de las colmenas aportándoles comida, lo que convierte el negocio de la miel en una actividad más dependiente y más costosa. «Si las abejas no pueden conseguir alimento tendrá que dárselo el apicultor. Podemos darle polen o si no, sustitutivos como harina de soja o leche en polvo» explica José María Seijo, técnico de la directiva de la Asociación de Apicultores de Pontevedra y presidente de la Agrupación Apícola de Galicia.

Ese gasto extra en alimentación supone hasta 12 euros más por colmena. De esta forma, si un apicultor medio del área de Vigo tiene unas 25 colmenas, tendrá que invertir 300 euros más en los meses de máxima presión de la avispa asiática. A ello hay que añadir el coste del desplazamiento y el tiempo dedicado, ya que esa alimentación adicional debe hacerse cada dos semanas como mínimo, según el presidente de los apicultores gallegos. «Antes nos costaba tres euros producir un kilo de miel. Ahora ese importe va a subir», reconoce José María Seijo. Una subida que no se está repercutiendo en el precio de venta, aunque desconoce si se aplicará en un futuro.

La lucha contra la avispa asiática, una batalla perdida

f. robleda

Cada año aprecen más nidos de avispa velutina de los que se pueden retirar. La fertilidad de las reinas, que de un año para otro dejan más de cien nuevas reinas fundadoras incubando, y la falta de un método infalible para exterminarlas hace que los concellos del área de Vigo se muestren desbordados. «Pasamos de tener 35 nidos en 2015, a 100 en el 2016 y el año pasado superamos los 200», asegura Miguen Ángel Ballesteros, edil de Medio Ambiente de Redondela.

Algunos concellos optan por atacar directamente a la reina, repartiendo de forma gratuita entre la población trampas y líquido atrayente, lo que supone una inversión de unos 15 euros por dispositivo. En O Porriño, donde el año pasado falleció un hombre por un ataque masivo de velutinas, el Concello ya repartió 500 trampas. Ponteareas también apuesta por esta medida aunque desde el consistorio recuerdan que es muy importante la implicación de los vecinos, sobre todo de los apicultores, de forma que «cada 15 días durante os vindeiros tres meses hai que renovar o líquido e controlar o número de raíñas capturadas», ya que posteriormente se evalúa su eficacia. Es un método generalizado en buena parte de los ayuntamientos y que se suele complementar con la desactivación y retirada de nidos, dando priordad a zonas públicas y habitadas.

Seguir leyendo

Seijo, que también es el vicepresidente del Consello Regulador Mel de Galicia, destaca la dificultad que existe para encontrar la dosis exacta. «La alimentación de las abejas no es como dar un bocadillo. Depende del tipo de sustancia, y también hay que tener cuidado con la cantidad, no pasarnos pero tampoco quedarnos cortos». Por ello la asociación está impartiendo cursos a los productores para que aprendan a alimentar a sus abejas con las dosis exactas. Con la alimentación manual no existe la garantía de que la población de abejas sobreviva al 100 %, pero «por lo menos nos aseguramos de que la incidencia de las velutinas sobre las colmenas va a ser menor», explica Seijo. Este nuevo modelo «no implica que nos olvidemos de las avispas asiáticas», y recuerda que es importante que se sigan colocando trampas, «y no solo los apicultores, porque este es un problema que nos afecta a todos».

Los apicultores no han logrado aún ni un solo litro

«Este año vamos muy atrasados». Es el balance que hace José María Seijo, técnico de la directiva de la Asociación de Apicultores de Pontevedra, refiriéndose a la campaña de producción de miel de este 2018. Seijo asegura que la explicación está en la meteorología. «Las abejas no trabajan con lluvia y frío, lo hacen con tiempo seco y a partir de 12 grados», explica. «Salen lo mínimo para subsistir», de forma que la cantidad de miel acumulada a día de hoy por los apicultores de los concellos del área de Vigo «es cero». Seijo asegura que solo la cantidad se verá afectada por esta coyuntura porque «la calidad seguirá siendo espléndida». Seijo, también vicepresidente del Consello Regulador Mel de Galicia, asegura que a estas alturas muchos productores deberían tener «entre 20 y 30 kilos de miel almacenada pero no tienen nada», excepto en algunos reductos. La campaña de producción apícola va de febrero a junio, y es en julio cuando se lleva a cabo la recolección.

En cuanto a la cosecha de miel de eucalipto, «a día de hoy tendríamos que tener ya la mitad. Pero está todo muy paralizado», lamenta Seijo. Las perspectivas para los próximos meses tampoco son halagüeñas. «A finales de mayo se acaba la floración de eucalipto».

Las precipitaciones y los fuertes temporales de este invierno no solo impiden a las abejas salir con normalidad a por el néctar. Según Seijo, también dañan las flores: «A los 5 o 6 días de sol el eucalipto suele romper y sale la flor si hay buena climatología. También los frutales empiezan a florecer, pero si llueve de nuevo las perderán». El representante de la Asociación de Apicultores de la provincia recuerda que el año pasado la meteorología también les jugó una mala pasada: «Nos vino una helada que quemó la floración y después llegó una temporada de sequía enorme que no dejó brotar nada». «Los que vivimos de la apicultura tenemos estos inconvenientes», lamenta Seijo.

La situación en la montaña de Ourense y Lugo, que concentra el 80% de la producción de miel de Galicia, es muy diferente. En esas zonas la campaña empieza en el mes de junio, por lo que la cosecha no se va a ver tan afectada por la climatología de la primera mitad del año. En el interior tampoco existe apenas población de avispa asiática. «A la velutina los cambios bruscos de temperatura no le van bien, prefiere el clima más estable de la costa», explica Seijo, que admite que aun así están preocupados «por si sube a la montaña y se establece» .

No habrá miel en zona quemada como mínimo hasta el 2021

La vespa velutina no es el único enemigo de las abejas. Los incendios de octubre también están mermando la producción de miel. «Para Galicia fue una sangría», lamenta José María Seijo, técnico de la directiva de la Asociación de Apicultores de Pontevedra. Seijo se refiere a las colmenas consumidas por el fuego, que quedaron inutilizadas, pero también a los impedimentos de aquellas que quedaron en pie para salir adelante.

La huella de los incendios en la vegetación, su principal fuente de alimentación, aboca a la pérdida de las colmenas. «Una abeja tiene un radio de actuación aproximado de unos dos kilómetros», explica Seijo, un trayecto en el que se van posando en las flores extrayendo el néctar que las obreras convertirán en miel. Pero en un terreno quemado las colmenas tienen muy pocas probabilidades de sobrevivir por esa falta de matorrales o árboles en floración.

Desde la asociación recomiendan a los apicultores retirarlas y cambiarlas de ubicación. La opción de mantener los panales en zonas arrasadas forzando la alimentación de las abejas durante todo el año es inviable. «El coste sería elevadísimo», reconoce Seijo, que asegura que hay muchos productores afectados que ya han movido sus colmenas. El técnico de la directiva de la Asociación de Apicultores de Pontevedra calcula que hasta dentro de un plazo de entre tres y cinco años será muy difícil recuperar la producción de miel en los territorios incendiados. «Será necesaria una cierta densidad de matorral y que los árboles rebroten» para que las abejas produzcan a unos niveles que resulten rentables.