Partisanos y tiradores del Miño

En tierras de O Condado hubo grandes fusileros, que destacaron en la Reconquista de Vigo


Constituida o no, el área metropolitana de Vigo es un hecho. Resida en Coia, en Ponteareas, en Cangas, en Salceda o en Redondela... ¿cómo no va a ser una comunidad unida una gente que nace y muere cama con cama, antes en el Xeral y ahora en el Álvaro Cunqueiro? Y lo que es aún más dramático: unos ciudadanos que sufrimos juntos al Celta en las gradas de Balaídos... ¿Cómo no vamos a ser convecinos, amigos y paisanos? El área metropolitana existe y es una realidad, la llamen como la llamen.

Pero este sentimiento comunitario viene de antiguo, de la vieja tierra de Turonio, que así se llamaba en la Edad Media, como siempre recuerda el escritor Xosé Luis Méndez Ferrín. Y no fue diferente durante la Reconquista de Vigo de 1809.

Porque es cierto que Vigo fue la primera plaza fuerte de Europa reconquistada a Napoleón. Y que aquella victoria, frente a ejércitos mandados por los dos más grandes mariscales de Francia, Soult y Ney, fue todo un hito. Pero no hubiera sido posible sin el esfuerzo conjunto de los vecinos de todos esos municipios que hoy aspiran a ser un área metropolitana.

Cuentan las crónicas cómo los marineros de Cangas, Moaña, Bouzas o Baiona consiguieron el primer bloqueo naval de los franceses, antes incluso de que llegasen las fragatas británicas «Venus» y «Lively». Desde O Porriño y toda A Louriña llegaron refuerzos que fueron claves para el sitio de las murallas de Vigo. Redondela y Arcade fueron protagonistas en la ulterior batalla de Pontesampaio. Y en O Condado, A Paradanta y o Baixo Miño fue determinante el acoso a las tropas francesas y el sitio de la ciudad de Tui, donde el general Lamartiniere se veía vetado para enviar refuerzos para ayudar a los casi dos mil soldados acantonados en Vigo.

Las tropas francesas eran incapaces de romper el cerco y, desde una semana antes de la Reconquista, todas sus salidas se saldaron con bajas. La situación en el interior de las murallas era crítica, ante la falta de víveres, los saqueos y las continuas quejas de alcalde y regidores. Y un último dato viene a convencer a Chalot de que se acerca su fin: La llegada de refuerzos parece imposible.

Mucha responsabilidad del aislamiento de los franceses en Vigo la tuvo el abad de Couto, que desde el 12 de marzo mantuvo cercada la ciudad de Tui, donde estaba acuartelada una nutrida guarnición, formada por más de tres mil soldados, a las órdenes del referido general Lamartinière. Es cierto que muchos estaban heridos, y que el hospital tudense contaba con no menos de cuatrocientos ingresados, pero aún así la dotación era poderosa, pues contaba con unidades de élite de caballería, en especial dragones, además de estar reforzada por un bien surtido parque de artillería.

Vigo incomunicado

Esta fuerte dotación francesa en Tui impidió un cerco estrecho, por lo que las tropas de Couto se situaron en un perímetro a unos dos kilómetros de la ciudad. El cuartel general estaba situado en Entenza, en la actual Salceda de Caselas. Los gallegos contaban con unos ocho mil paisanos, repartidos en cuatro campamentos. De ellos, el más importante para la Reconquista viguesa era el de Ribadelouro, que estaba al mando del abad de Cela, Miguel Pavón, cuyas tropas se desplegaban por el valle del río Louro, integradas por vecinos de A Louriña. Esta guarnición era la que mantenía cortado el camino con Vigo, impidiendo la comunicación entre ambas plazas y, por consiguiente, el envío de refuerzos.

Además, era muy activo el campamento del Cerro das Penizas, con avanzada en San Xoán de Paramos, donde se contaban los mejores fusileros gallegos, que provocaban continuas bajas a los franceses en sus salidas. Esta unidad especializada se llamó “Tiradores del Miño” y estaba integrada en su mayoría por jóvenes de Ponteareas y del Sobroso.

Durante la semana anterior a la Reconquista de Vigo, las refriegas en el cerco de Tui fueron constantes, ayudando con ello a distraer a los franceses de la posibilidad de socorrer a Chalot. Ya el 14 de marzo había enviado el abad de Couto un requerimiento a Lamartinière, instándole a rendirse, a lo que el general galo contestó apresando y encarcelando al mensajero que le fue enviado. Luego, hubo escaramuzas en torno al puente nuevo, en Paramos y en As Penizas, que se saldaron con bajas en ambos bandos. Por último, el 25 de marzo llegó a la zona un batallón portugués, que se instaló cerca de Guillarei con dos cañones de a cuatro, que provocaron varias bajas a la caballería francesa, cuando salió a una expedición de castigo en la zona, intentando abrir un claro entre el enemigo para que las monturas de la plaza pudieran salir a forrajear.

Gracias al esfuerzo de los sitiadores de Tui, cortando las comunicaciones con Vigo, la Reconquista pudo ser un éxito. Y fue clave la pericia de los Tiradores del Miño, emboscados en guerra de guerrillas contra todo soldado francés que se alejase de la capital tudense.

Finalmente, en la tarde del 27 de marzo decidió el general Lamartinière enviar refuezos a Vigo. Pero ya era demasiado tarde. Para cuando llegaron a Puxeiros, la villa ya había sido reconquistada. Y el comandante Chapuzet (de interesante apellido) tuvo que huir con numerosas bajas, acosado por los vigueses que acudieron a su encuentro.

Sí que podrá existir o no una área metropolitana con forma de ley. Pero es una realidad que en toda esta área compartimos mucho desde hace muchos siglos. Por supuesto, también combatiendo juntos cuando hizo falta.

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