Temor en Chapela por una oleada de vandalismo y robos

Los edificios públicos están plagados de pintadas; un restaurante ha sufrido quince asaltos en apenas cuatro meses


redondela / la voz

Es difícil caminar por Chapela y no encontrarse una pintada a cada cinco pasos. Todos los edificios públicos de la principal parroquia redondelana están plagados de grafitis. Pero también los muros, las paradas las paredes, y muchos edificios de viviendas. Un vandalismo que se ha recrudecido en los últimos meses. «La biblioteca, el centro de salud, el colegio, la iglesia, todas las paradas de autobús... no respetan absolutamente nada», se lamenta el vicepresidente de la asociación de vecinos de Chapela, Juan Balbín.

El colegio Igrexa es uno de los más castigados. Desde que se reformó hace unos meses y se construyó un muro para proteger el centro ante la ampliación de la AP-9, han tenido que volver a pintar el colegio en dos ocasiones ante la constante aparición de grafitis.

Algo similar ocurre con el centro de salud. Los pacientes y el personal sanitario se encontraban prácticamente a diario una pintada nueva en el edificio. Para mejorar la imagen del ambulatorio, en los últimos meses se han limpiado las fachada. Pero la zona trasera sigue plagada de grafitis de todos los colores. «Hace años que sucede esto. Se está produciendo un deterioro enorme del patrimonio público que tenemos que pagar todos. Entiendo que los adolescentes puedan tienen un componente de rebeldía, de rechazo a las normas, pero esto lo acaba pagando la sociedad, se lamenta el jefe de unidad del ambulatorio, Juan Sánchez.

El médico recuerda que uno de los episodios más graves se produjo cuando llegó a trabajar un lunes y se encontró el centro de salud lleno a rebosar de espuma blanca. Los vándalos entraron tras romper una ventana y vaciar un extintor. «Ahora cerramos las persianas, por si acaso», asegura.

Otra de las instalaciones más afectadas es el apeadero, donde se sitúa el edificio de la antigua estación de tren. Apenas quedan resquicios de la construcción que no esté pintados. Allí se reúnen habitualmente jóvenes a hacer botellón, que dejan a su paso una gran cantidad de basura.

Por si el vandalismo no fuese suficiente, en los últimos meses se han producido una gran cantidad de robos en casas y en negocios. Uno de los casos más graves es el de restaurante Casa Conchita, situado en la frontera entre Teis y Chapela. Han sufrido quince asaltos en poco más de tres meses. «El último fue la semana pasada. Se llevaron una caja de whisky y unos lomos», recuerda Pedro Viéitez, el gerente del local.

En la taberna O’Xe, situado al lado, los ladrones entraron hace dos semanas. «Fueron tres robos en cuestión de tres días», recuerda uno de los camareros del local. Se llevaron botellas de vino, una televisión y, en el último robo, hurtaron una gran cantidad de bogavantes.

Los afectados afirman que en la zona todos saben quiénes son los responsables. «Son una pandilla de tres chavales. Los mismos de siempre».

La asociación de vecinos reclama una mayor oferta de ocio para frenar el gamberrismo

 

 

La asociación de vecinos de Chapela considera que los numerosos casos de vandalismo en la parroquia podrían deberse, al menos en parte, a la falta de oferta de ocio en la parroquia. «No hay ningún bar de copas, tampoco actividades culturales, ningún sitio en el que los jóvenes puedan ir a reunirse», se lamenta Juan Balbín.

El colectivo asegura que esta circunstancia no justifica en caso alguno los actos vandálicos, pero reclaman una mejor oferta de ocio y cultural para los adolescentes, «que ven que toda la programación o gran parte de ella va hacia Redondela. Varios jóvenes nos cuentan que no pueden permitirse ir hasta Redondela por el gasto añadido en desplazamiento que eso supone, y para los que tenemos nuestro propio vehículo nos impide conducir de vuelta si tomamos un par de cervezas».

Una de las propuestas para intentar reducir el vandalismo y que los jóvenes tuviesen otra forma de expresarse sería organizar concursos de grafitis en muros habilitados especialmente para ello. Ponen como ejemplo algunos edificios de Vigo, que fueron decorados con este fin y que también servían para concienciar y hacer un buen uso de esta práctica. «Algo así sí que sería considerado arte urbano y no vandalismo como el que sufrimos en Chapela». También proponen una pista de skate.

Esta falta de oferta cultural es, según el colectivo vecinal, una prueba más de que «Chapela es la gran olvidada».

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