«La obra de Antonio Palacios la tengo muy presente en la mía»

Amelia Vázquez Palacios, descendiente del ilustre arquitecto, estudió la misma carrera que él, pero la dejó por el arte. Expone en Vigo obras que crea en Oporto


vigo / la voz

Amelia Vázquez Palacios (Pontevedra, 1986) lo tenía complicado para elegir profesión. Desde niña le atraían la pintura y la arquitectura, pero es fácil imaginársela tragando saliva ese día que se decidió y dijo: quiero ser arquitecta. Es descendiente de Antonio Palacios. Lo mismo le pasaría cuando decidió que mejor se dedicaba a las artes plásticas, ya que su padre, el vigués Álex Vázquez-Palacios Gómez, es un creador de reputada trayectoria. Así que al final escogió todo. Estudió arquitectura, aunque desde hace unos años está más centrada en la pintura. La exposición que inauguró el mes pasado en la galería Soho (plaza de Compostela, 8) continúa durante una semana más, hasta el 20 de marzo. Sueños de sombras y brumas es el título de la muestra.

-¿El paisaje gallego es un tema recurrente en su pintura?

-Sí, en concreto estas obras forma parte de una serie llamada Lluvia sobre el mar, que vengo desarrollando desde hace algunos años. Reflejan lo que me sugiere en paisaje gallego entre brumas y nieblas.

-En los últimos dos meses no habrá tenido problema para inspirarse...

-No, aunque quizás mi obra es un poco más reposada que las lluvias que nos azotan últimamente. De todas formas, aunque vengo mucho a Vigo y a Pontevedra, vivo en Portugal, concretamente en Oporto, desde hace tres años. El clima no es muy distinto, pero en mi pintura sigo haciendo paisajes gallegos. Pintar Galicia en la distancia creo que le imprime algo de nostalgia y de melancolía.

-¿Qué la llevó a Oporto? ¿El trabajo?

-No. En principio, no. Yo estudié arquitectura en Madrid e hice un Erasmus en Oporto. Soy un caso único. Me fui de Erasmus más cerca de casa de lo que ya estaba. Oporto me enamoró. Es una ciudad impresionante y decidí trasladarme a vivir y trabajar allí.

-¿Como arquitecta?

-La arquitectura la aparqué. Casi desde el primer año hice mi primera exposición y me enganchó mucho. Ahora me dedico profesionalmente al arte y Oporto tiene un ambiente cultural artístico maravilloso. Tiene muchos espacios para ello y hay mucha costumbre. La gente está muy habituada a ir a exposiciones y a museos. Es una ciudad en la que es más fácil desenvolverse en este terreno que en otras. Vengo todos los meses a Galicia pero allí me siento también en casa. A veces me extraña pensar que estoy en otro país.

-Aunque no viva aquí estará al tanto del momento delicado que vive el museo Marco, ¿no?

-Sí. No tengo una opinión muy clara. Veo dos bandos bastante enfrentados sobre la utilidad que habría que dar al museo. Lo que me resulta triste es que ya lleva unos meses parados y no acaban de encontrar una solución. Desde luego es un lujazo de espacio en el centro de la ciudad que está al alcance de todos. Verlo así me da mucha pena. Soy muy respetuosa en cuanto a tendencias artísticas, pero supongo que a los museos de arte contemporáneo les cuesta llegar a la gente.

-En Oporto está el Serralves, un ejemplo que sí llega al público.

-Es cierto. Quizás se deba a que hacen una labor muy importante de promoción de artistas portugueses e intercalan esas exposiciones con las de artistas extranjeros contemporáneos. Quien está acostumbrado a ir a museos, aunque entienda más o entienda menos lo que está expuesto, va.

-¿Qué relación de parentesco le une con Antonio Palacios?

-Él no tuvo hijos. Soy bisnieta de su hermana, también llamada Amelia, la abuela de mi padre.

-Qué pena que una descendiente no retome el plan Palacios en Vigo...

-No descarto en algún momento volver a la arquitectura, pero ahora no es lo que tengo en mente. Desde luego, la obra de Antonio Palacios la tengo muy presente. Es algo sobre lo que trabajo de vez en cuando con ilustraciones. Es una figura muy importante como para darle la espalda. También me influye mi padre y el dibujo como base de cualquier expresión artística. Dibujo mucho más de lo que pinto. Tengo cientos de cuadernos llenos de ilustraciones. El año pasado edité un libro sobre Oporto y proyecto otros sobre ciudades en las que he vivido.

-Hace cinco años el Concello de Vigo eligió una obra suya como regalo a parejas que se casaran en dependencias municipales

-Sí. Era una serigrafía de 250 ejemplares. Me pareció un detalle bonito para una boda civil. Antes regalaban unas figuras de un santo y era un poco contradictorio. Cuando me lo propusieron me pareció una idea fantástica. No conozco personalmente a ninguna de las parejas que recibieron una obra mía, pero me encantaría.

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