La polémica de las plataformas que cobrarán por trabajar llega a Vigo

Abogados laboralistas siguen de cerca las condiciones de los recaderos de Glovo


vigo / la voz

La economía colaborativa avanza en Vigo pero diversas voces de juristas cuestionan su modelo porque sospechan que genera precariedad laboral. En la ciudad, los recaderos ganan presencia gracias a que recurren a ellos las cadenas de comida rápida de la ciudad para el reparto de pedidos a casa. El cliente verifica que su domicilio está en la ruta y descarga en su teléfono móvil la aplicación de Glovo, una plataforma digital con repartidores independientes. Luego, cubre un formulario en la app y encarga la comida al restaurante. Un glover (como se denomina a los recaderos colaborativos de Glovo) le lleva el pedido a casa y el cliente puede seguir por geolocalización en qué punto de la ruta está.

Abogados laboralistas de Vigo han dado ya la voz de alarma sobre la presencia de estas plataformas en la ciudad. En España, actúan Glovo y Deliveroo, y diversos medios les reprochan las condiciones de sus profesionales que pagan cuotas de autónomos. Glovo, asentado en Vigo, incluso planea cobrar dos euros por trabajar, tarifa que cargará a sus mensajeros. La plataforma colaborativa argumenta, para eludir la presión de Inspección de Trabajo, que los recaderos no son asalariados sino clientes. Solo es una intermediaria que pone en contacto a dos usuarios, al repartidor y al consumidor, y ambos se benefician de este servicio digital que funciona siete días a la semana hasta la medianoche.

Glovo concentra sus pedidos de Vigo en la zona centro. Su sede está en un local de oficinas en la calle Brasil sin logo visible. Hace su campaña publicitaria en las paradas de bus bajo el lema: «Tú pide, ya vamos nosotros». Sus repartidores circulan en bici o moto cargados con una mochila amarilla. Se conectan desde su móvil a la plataforma y aceptan los encargos. En Vigo podría haber hasta 70 negocios que operan con ellos.

El problema es que algunos juristas atisban una precarización laboral tras este modelo colaborativo que guarda semejanzas con la guerra entre el taxi y las plataformas de Uber o Cabify.

El letrado laboralista vigués Fabián Valero, que luchó contra las tasas judiciales, examinará en un próximo informe el funcionamiento de estas plataformas. No tiene constancia de que en Vigo haya litigios pero, a nivel general, «hay que ver cómo estos modelos desvirtúan las relaciones laborales y si hay detrás una inmensa bolsa de fraude».

Glovo, en su web, explica que cualquiera puede ser un glover. Basta con rellenar un formulario, asistir a un centro y en menos de 24 horas ya puede trabajar. Solo hay que escribir el nombre y apellidos, dejar una dirección de correo electrónico, un teléfono y la ciudad en la que va a operar. El requisito para ser glover es tener coche, bici o moto propios.

La empresa argumenta que el profesional independiente, el rider (jinete o piloto, en inglés), tiene flexibilidad durante la jornada del día y eso le da libertad para ganar dinero en su tiempo libre. Recalca que los glovers están registrados como autónomos en la administración pública y declaran a Hacienda sus ingresos.

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