El tráfico de hachís de gran calidad no remite pese a la presión policial

La Udyco de Vigo ha desmantelado 4 organizaciones que importaban resina de Andalucía


VIGO / la voz

Bellotas, huevos, grifa... da igual el nombre que adopte, se trata de hachís de gran calidad que, en los últimos tres años y pese a la elevada presión policial, sigue circulando de mano en mano por las calles de Vigo y las poblaciones de su área. El origen es siempre el mismo, Andalucía, y la forma de traerlo también se repite: viajes de ida y vuelta al sur peninsular para venir cargados con hasta cien kilos de media en cada trayecto. Solo la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de Vigo ha desmantelado cuatro organizaciones desde el 2015, más de una por año, y aun así esta resina, considerada de alta calidad y con un precio superior a otro tipos de hachís en circulación, sigue circulando en el marcado negro de Vigo y su entorno, siendo, algunas ocasiones, la principal ciudad de Galicia la fuente que suministra a otros vendedores de la provincia o, incluso, Galicia.

La última gran organización desmantelada estaba presuntamente liderada por el vigués F.L.L., de unos 40 años de edad, que actualmente está en prisión preventiva tras su detención en el marco de la operación Becris. Antes de su arresto, F.L.L. estuvo fugado y la Udyco lo sitúo en ese tiempo en Marruecos y el sur de España. Es más, en las diligencias policiales se hace constar que este individuo fue captado -gracias a la intervención de uno de los muchos números de teléfono que usaba para despistar a la Policía Nacional- hablando con el que sería su suministrador en Marruecos. La misma tesis policial, en la que consta negro sobre blanco, se expone que F.L.L. negociaba en el norte de África el precio de la mercancía, pero la recogía en Andalucía, por lo que era la organización marroquí la que corría el riesgo de transportar la mercancía por el estrecho de Gibraltar. El resto del trayecto, hasta Vigo, lo completaba, según parece, la organización viguesa.

La ruta más utilizada eran viales portugueses, en los que la organización acusada operaba con un coche que hacía de lanzadera para alertar de la presencia de posibles controles policiales. Lo que estos individuos no sabían que, en no pocas ocasiones, algunos de estos vehículos estaba balizados. Por detrás, viajaba, según se plasma en los informes policiales, un segundo vehículo con dobles fondos o pequeños zulos para esconder el hachís. La Udyco cifra en tres los viajes que se hacían al mes, con una media de 100 kilos al mes. Las mismas diligencias exponen que cada kilo de hachís se compraba en el sur de España a un precio que oscilaba entre 2.000 y 2.200 euros. Ya en Vigo, en la calle, se vendía cada bellota (10 gramos) a 50 euros y cada kilo contiene 100 bellotas. Otra particularidad que se atribuye a F.L.L. es que, cada vez que recibía mercancía nueva, hacía todo lo posible para, presuntamente, repartirla entre sus clientes y no almacenarla, evitando así poder ser cogido con las manos en la masa.

Fuentes policiales informan que numerosos integrantes de estas organizaciones han ido regresando a la calle y a muchos de ellos se les vincula nuevamente con el mismo delito. A mayores, existen otras organizaciones que siguen poniendo el hachís en la calle, lo que evidencia que este tira y afloja constante entre Policía y narcos tiene pinta de durar en el tiempo.

Utilizaban casi siempre viales lusos al pensar que no los vigilaban igual que en los españoles

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