Escalada en el corazón de la ciudad

El club vigués cuenta con un rocódromo de más de 300 metros cuadrados para entrenar en Vigo


VIGO / LA VOZ

La montaña. Ese espacio en el que se reencuentran con la sensación de libertad más genuina, es el nexo que une a cada uno de los cien socios del Grupo de Montaña Alud. Un colectivo que nació allá por el 2003 para responder a la necesidad de un grupo de montañeros de tener un lugar en el que entrenarse para después poder hacer lo que más les gusta: la escalada. «A inquietude era que non había ningún espazo para adestrar en condicións e a cuberto en Vigo. Fixemos unha sala autofinanzándonos entre 15 ou 20. Agora somos cen socios e puxemos límite para que se poida xestionar, que é o que nos interesa», detalla Miguel Domínguez, actual presidente del club, que reconoce que cuentan con una pequeña lista de espera.

La instalación en la que el Alud dio sus primeros pasos se encontraba en la calle Torrecedeira, pero hace unos años se trasladaron a una nueva sede en la calle Chile, donde tienen a su disposición más de 300 metros cuadrados de paredes en las que entrenar, para después salir a la montaña. «Empezamos co material que tiñamos en Torrecedeira, as presas de escalada e os tablóns, e fomos montando unha estrutura de aceiro sobre a que van os paneis de contrachapado e as presas. Soldámolo nós, salvo as partes máis complexas» recuerda el presidente. «A sala é autoxestionable, suponse que a xente que acode xa practica escalada e que o que quere é unha sala para adestrar, entón, no momento en que te fas socio entrégaseche unha chave e unha serie de normas» y a partir de ahí, a trabajar.

En el Grupo de Montaña Alud no cuentan con entrenadores. Cada socio es autónomo y se prepara en el rocódromo para cuando sale a cielo abierto. «O que podes facer na instalación é un traballo moi específico e serve a nivel deportivo, pero está claro que non ten nada que ver estar nunca parede na que vas con cordas e demais, co que fas baixo teito. A maior diferenza, sen dúbida, é o factor psicolóxico». Lo que sientes en el rocódromo, enmoquetado de colchonetas, poco tiene que ver con la adrenalina que bombeas cuando estás al aire libre en plena pared.

Encontrar un perfil tipo de socio en el Grupo de Montaña Alud es complejo, asegura Miguel, dado que tienen socios practicantes de todas las edades, desde el más joven, con diez años, hasta el más veterano, que pasa de los 60. «Hai xente moi variopinta, xente que practica alpinismo, outra escalada, quen se apunta para probar, algúns que chegan e outros non era o que agardaban, pero basicamente o nexo de unión é a montaña». Miembros de clubes como Montañeiros Celtas ou Peña Trevinca también están en la lista de socios del Alud, ya que es el único rocódromo en el que pueden practicar en Vigo. Luego, a la hora de salir a la montaña, tampoco hay una unidad de acción. Cada integrante lo hace por su cuenta, con su grupo de amigos, por afinidad. Y una vez en la montaña, lo que obtienen es «o sentimento de liberdade. Cando estás escalando esquéceste de todos os teus problemas e es dono de ti mesmo durante ese tempo. E como dicía un gran alpinista, escalas as montañas porque están aí».

Con tres décadas de experiencia, el presidente del club vigués ha sido testigo de primera mano de la evolución de una disciplina en la que cada vez los riesgos son menores, defiende. «Cada vez hai menos risco descontrolado. Ten un risco intrínseco, pero é controlado. O material nos últimos anos evolucionou moito e creo que cando imos escalar fóra, o maior perigo é a viaxe en coche. Os riscos ti sabes os que podes asumir, acordes co teu nivel técnico e físico. Isto xa non é o que era hai 40 anos, que había limitacións de material e de partes meteorolóxicos». La seguridad es lo primero, recalca.

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