El día que toda Galicia vio nevar

Fue la noche del 13 de enero de 1987 y era la primera vez que los copos llegaban al litoral en veinte años


Muchos lo recuerdan como un día de fiesta. Fue la noche del 13 de enero de 1987 y era la primera vez que los copos llegaban al litoral en veinte años. Los habitantes de Vigo, A Coruña o incluso de A Illa de Arousa no podían creerse lo que estaban viendo por la ventana. Nevaba, y con ganas. Pero más allá de ese recuerdo, Galicia permaneció prácticamente aislada del resto de España por la nieve, los tres aeropuertos gallegos cerraron el tráfico, los trenes sufrieron cancelaciones y por las carreteras era obligatorio circular con cadenas. Muchos pueblos se quedaron incomunicados en Lugo y Ourense, pero también en la provincia de Pontevedra, y el absentismo escolar en las provincias del interior alcanzó el 90 %.

Esto ocurrió hace 31 años. No ha vuelto a nevar así desde entonces. Y para muchos fue el día que vieron nevar por vez primera. Pero, ¿qué ocurrió ese día para que los copos cubrieran las playas gallegas? «Lo necesario para que nieve a nivel del mar y que pueda cuajar es que toda una columna de aire esté muy fría y que el aire llegue desde el mar, para que además de frío haya precipitación», explica Juan Taboada, de MeteoGalicia. Es precisamente este factor el que es muy difícil conseguir, porque el agua del mar no se enfría por debajo de los 12 grados: «Tiene una capa térmica mucho mayor que la de la tierra y el aire, al tener que pasar por encima de la masa marítima, va ganando algo de temperatura y es muy difícil que llegue con la temperatura suficientemente baja para que nieve», aclara el físico.

En el caso de la nevada de 1987, el aire frío estaba sobre el continente europeo y fueron dos borrascas consecutivas las que pasaron sobre la Península y las que acercaron ese aire frío a Galicia: «En este caso solo tuvo que recorrer el golfo de Vizcaya para llegar aquí, por lo que no tuvo mucho tiempo de ganar temperatura. El aire es muy mal conductor del calor y necesita mucho tiempo para equilibrar su temperatura con el entorno», precisa Taboada.

En cambio, para que nieve por debajo de 500 metros, como ocurrió este mes, tan solo se necesita un pasillo de isobaras que traiga aire frío procedente de Islandia. Unas condiciones que seguirán dándose a pesar del cambio climático: «Podría darse lo que se conoce como efecto Ártico y aumentar la frecuencia de estas nevadas. Al aumentar más la temperatura en las zonas polares que en las ecuatoriales, la corriente en chorro - que separan las masas de aire frío polar de las más cálidas- podría adoptar modos más meridionales y hacer grandes excursiones norte-sur, acercando masas de aire frío», asegura, convencido de que las nevadas seguirán a pesar del cambio climático porque «no son fenómenos contradictorios». Otra cosa es que volvamos a ver pronto la nieve en las playas gallegas.

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