Persiguiendo un sueño a 2.000 kilómetros de casa

El piloto vigués Rubén Fernández se mudó con 16 años a Holanda para mejorar; este año irá al Mundial de motocrós


Vigo / La Voz

Tiene 18 años y lleva trece subido a una moto. «Mi padre solía correr en motos, no a un nivel muy alto, pero sí hacía algunas carreras, así que mis hermanos -que también compitieron- y yo íbamos a verle. Supongo que me enganché ahí», describe el piloto Rubén Fernández al teléfono mientras regresa a su casa tras un entrenamiento. No a su hogar de Vigo, sino a la vivienda de Holanda donde hace dos años estableció su cuartel general. Porque el precio de alcanzar los sueños a menudo tiene un coste elevado, y en su caso es estar muy lejos de su gente.

El piloto vigués tenía seis años cuando comenzó a competir y a coleccionar títulos a lomos de una moto de motocrós que se ha convertido en el motor de su vida. Logró cuatro campeonatos de España consecutivos en distintas categorías de base y un bronce. Rubén destacaba en la parrilla y sus cualidades no pasaron desapercibidas «Corrí un par de carreras en el Campeonato de Europa y se ve que lo hice bastante bien. Probé una moto de un equipo, el Kawasaki F&H Racing Team, seguí haciendo algunos buenos resultados y me quedé con ellos», recita el piloto vigués.

Por aquel entonces tenía solo 16 años y ante él se presentaba una oportunidad única. Pero era poco más que un chaval y la propuesta de marcharse a vivir a Holanda para trabajar mano a mano con el equipo no acababa de convencer a su madre. «Estaba un poquito agobiada al principio, pero al final entendió que era una buena oportunidad para mí y me dejó ir». Rubén hizo las maletas y se instaló en casa de una persona próxima al equipo. «Al principio fue bastante duro porque no dominaba el inglés y casi no podía hablar con nadie, no conocía a gente y me encontraba un poco solo», confiesa. Pero el tiempo solventó esas primeras dificultades y ahora Rubén Fernández está contento a 2.000 kilómetros de su casa. Además, el curso pasado añadió a su historial un tercer puesto en el Europeo de 250, lo que refrenda que su decisión fue la correcta.

Durante los últimos años el piloto ha tenido que madurar a la carrera. «Recuerdo que los primeros meses en Holanda, sin nadie que me controlase, pues me iba a dormir tarde, comía lo que me apetecía y no lo que debía, y todo eso tienes que aprender a manejarlo. Ahora soy más responsable». Rubén vive desde hace un tiempo en casa del propietario del equipo, ya tiene en Holanda su grupo de conocidos y una vida organizada, aunque la morriña siempre está ahí. «Sé que estoy muy lejos de mi casa pero para mí lo primero es vivir para algo que me gusta, tener un objetivo. Y la moto es lo que llevo soñando desde pequeño».

En los Países Bajos ha profesionalizado su día a día. Cuando estaba en Galicia entrenaba los fines de semana, ahora lleva una agenda con entrenos diarios en los que alterna la moto con la bicicleta o el trabajo físico. Además, el expiloto mundialista Marc de Reuver es su nuevo entrenador y le está ayudando a sacar lo mejor de sí mismo. «Pasé de entrenar solo los fines de semana o cuando podía a dedicarle mi vida a esto, a ser profesional. Creo que cada deportista es ambicioso, apunta a lo más alto, y en mi caso es lo que quiero, mejorar para llegar todo lo arriba que pueda».

Los pasos que ha ido dando Rubén le conducirán este año a participar en el Campeonato del Mundo de 250. «Para mí ya es lo más alto que puedes llegar, está 2.5 y luego ya solo queda el 4.5 en el Mundial. Estamos ahí. Este año quiero hacer entre los diez o incluso los cinco primeros». Y para ello sabe que debe dejarse la piel. En un deporte como el suyo, exigente y muy caro, solo avanzan los mejores, subraya.

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