Después de San Blas, aún hay más

No solo en Bembrive hay furanchos. Muchos desaparecen. Otros siguen, como el da Balsa, en Matamá


vigo / la voz

Bembrive vive hoy la resaca de San Blas, pero la parroquia viguesa no es la única que mantiene la tradición de los furanchos, que durante esta festividad guiada por el calendario religioso, viven su gran fin de semana. Los parroquianos son devotos y desde el día de San Amaro al de San Blas, los locales caseros están a reventar de gente. Para esas ajetreadas jornadas se montan más de una veintena. La mayoría desaparecen, pero algunos siguen dando servicio.

En la parroquia de Matamá también hay furanchos de larga duración. Algunos, bien conocidos por los que entienden la esencia de estos establecimientos tan singulares y disfrutan de un ambiente enxebre en el que la música es tan importante como socializar ante unas tapas y unas tazas de vino. Bien lo sabe Juan Iglesias Carreira, que se ocupa del suyo desde hace más de una década, junto a su mujer, Camila, y su cuñada, Begoña.

Desde mediados de enero hasta mayo, los viernes y sábados, a partir de las 7 de la tarde, se abre el portalón del número 99 de la Carretera da Balsa. Los jueves también están, pero preparando las viandas para el fin de semana. Aunque normalmente no es necesario llamar para reservar, muchos lo hacen. «A veces llaman», cuenta Juan añadiendo que cuando abrieron, hace once años, aún no estaban curtidos y la demanda les desbordó. «Era tremendo, teníamos que atender a más de 200 personas y no dábamos abasto», recuerda.

Pero nunca reservan todas las mesas para dar oportunidad a los que llegan porque se les ocurre en el momento. Este fin de semana lo tenían especialmente movido ya que con San Blas a tope en Bembrive, algunos prefieren garantizarse el cocido sin agobios.

Juan Iglesias está acostumbrado a atender a la prensa porque su furancho ha sido varias veces plató de destacados eventos folk. Por ejemplo, cuenta que la televisión autonómica eligió su local para grabar un programa especial que conmemoraba el 40 aniversario del grupo A Roda. En O Furancho da Balsa, la música, según reconoce, es un elemento fundamental del menú. Pero no la pone él. Lo que tiene de auténtica es que surge, llega por la puerta, viene con los propios clientes. «Los gaiteiros vienen mucho aquí porque son artistas y yo, que tengo un hijo músico, sé que lo tienen complicado porque no tienen donde practicar las piezas. Los furanchos son ideales porque allí tienen un público agradecido y un propietario que también lo agradece, pero con unas tapas y algo de beber. Entre los fieles, componentes del grupo Abóbriga con los que Iglesias se animó a participar en varios certámenes musicales. Y es que Juan, que además desde hace 30 años toca el bombo en el grupo de la Sociedad Cultural Nautilius de San Andrés de Comesaña, donde nació, es uno de los fundadores del festival Cancións dos Nosos Barrios que cada año crece un poco más en San Roque.

En relación a este ambiente de fiesta folk tiene unas cuentas anécdotas, como la que protagoniza una pareja que un día llegó a su local para tomarse algo y al cabo de un rato, le pidieron que le dijese a los gaiteiros que dejasen de tocar porque les molestaba. «Les tuve que decir que lo sentía mucho, que tenían que perdonar, pero que los que estaban en el sitio equivocado eran ellos», relata. «El que viene aquí ya sabe a lo que viene, a tomarse unas tapas y hacer algo de fiesta si coincide que viene algún grupo a tocar. La mayoría nos conocemos pero a veces llega clientela nueva. Unos traen a otros», subraya. El Furancho da Balsa ocupa un amplio espacio y a su decoración no le falta detalle entre un mobiliario regalado y rescatado de varios sitios, hasta de un cambio de mesas del Hotel Samil. Entre cientos de fotos de fiestas y cuadros pintados por clientes hay decenas de pósters de los equipos del Real Club Celta en cada temporada. De hecho, muchas peñas celtistas son habituales del local. Lo que tiene bien claro Juan es que ni busca ni hace competencia a la hostelería y a veces le puede el hastío, pero los festeiros le buscan y él no sabe decir que no.

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