Otra luz que se apaga en Vigo

Ángel Cerviño ARTISTA Y COMISARIO

VIGO CIUDAD

MIGUEL VILLAR

03 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

«Aquí hubo una vez un museo de arte contemporáneo...» Con esta frase tan poco alentadora comenzaba un escrito enviado hace varios meses al gobierno municipal de Vigo, reclamando que el Marco (Museo de Arte Contemporáneo de Vigo) mantuviera su carácter de espacio público destinado al estudio, la documentación y la difusión de las prácticas artísticas contemporáneas, y que se garantizara, sin injerencias políticas, la elección de un nuevo equipo de dirección a través de un concurso público, abierto, transparente y respetuoso con los acuerdos de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte.

Aquel escrito firmado por el IAC (Instituto de Arte Contemporáneo) fue desoído por la alcaldía, como fueron desatendidos similares comunicados emitidos en ese mismo sentido por todas las organizaciones profesionales del sector artístico, que reiteradamente han manifestado su apoyo al proyecto del Marco: la Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España (Adace), el Consejo de Críticos de Artes Visuales, el Consorcio de Galerías, Mujeres en las Artes Visuales, la Unión de Asociaciones de Artistas de España, A Colectiva (Asociación Profesional de Artistas de Galicia), o la Federación Estatal de Asociaciones de Gestores Culturales (FEAGC).

Fueron igualmente ignorados numerosos artículos periodísticos y declaraciones personales aparecidas en la prensa de la ciudad durante estos últimos meses, firmadas por artistas, galeristas, críticos de arte, gestores culturales, coleccionistas, o profesores y alumnos de la Facultad de Bellas Artes, todos ellos insistiendo en la necesidad de mantener el Marco como infraestructura imprescindible para la educación y el crecimiento cultural de la ciudadanía, y resguardarlo como necesaria e irrenunciable herramienta para la producción de los contenidos simbólicos con los que una sociedad se constituye y en los que se reconoce.

Desatendidos han sido también los más de 7.000 ciudadanos de todos los estamentos sociales que han manifestado su apoyo al manifiesto S.O.S. Marco impulsado por la Agrupación de Amigos del Marco, en el que no se pide otra cosa que que el museo se mantenga fiel a los enunciados que, desde su fundación en el año 2002, aparecen perfectamente definidos en los Estatutos da Fundación Marco, que en su artículo nº 4 señala como objeto de la Fundación «la realización de actividades culturales de investigación, educación, formación, conservación, exhibición y difusión del arte y de la cultura contemporánea». Un SOS de urgencia que contó con más de 7.000 firmas de apoyo, y entre cuyos firmantes se encuentran innumerables artistas, críticos, coleccionistas y directores de museos, escritores, académicos, y profesionales de diferentes ámbitos culturales como Darío Villanueva, César Portela, Manuel Bragado, Margarita Ledo Andión, Xosé María Álvarez Cáccamo, Mª Xosé Queizán, o la propia Junta de Gobierno de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra.

No se debería hacer oídos sordos a este clamor. No se pueden ignorar todas estas voces que se han alzado reclamando que el Marco mantenga las líneas de actuación que convirtieron al museo en un agente imprescindible para la difusión y el apoyo a la creación contemporánea en su territorio, y que lo llevó de ese modo a alcanzar un merecido prestigio internacional.

Ciertamente resulta prioritario resolver el problema de la baja dotación presupuestaria que pone en peligro la viabilidad económica del Marco. Es urgente alcanzar un nuevo acuerdo entre instituciones (Concello de Vigo, Diputación de Pontevedra, Xunta de Galicia y Ministerio de Cultura) que garantice una dotación económica que permita poner freno a la precariedad laboral de los trabajadores del museo, y asegure la continuidad de sus actividades. Pero el apremio de esas necesidades materiales no puede ocultar que desde una concepción democrática de las políticas culturales y una gestión transparente de los recursos públicos, es imposible encontrar una sola razón que justifique el desmantelamiento de un equipamiento artístico de la relevancia del Marco. Su desaparición solo puede suponer una pérdida irreparable para esta ciudad, otra luz que se apaga en un mundo que cede terreno a la oscuridad. A todos los poderes políticos de esta comunidad no se les está pidiendo otra cosa que sensatez y respeto.