Cientos de personas se hacen pruebas de intolerancia alimentaria sin validez

Exámenes que cuestan 250 euros en centros de Vigo no tienen respaldo científico


Vigo / la voz

La escena se repite en las consultas de los hospitales: una persona que sospecha ser intolerante o alérgica a algún alimento se sienta delante del médico y le enseña una larga lista de alimentos con colores. En rojo se muestran todos aquellos a los que supuestamente es intolerante, en naranja las comidas que generan una «reacción fuerte», en amarillo las que producen una «reacción leve» y en verde las que no provocan ninguna reacción. Esa lista es el resultado de un test que se hacen cientos de personas cada año en Vigo y que, según se vende, es capaz de medir las intolerancias alimentarias con un simple análisis de sangre. Lo hay de distintas amplitudes, desde 90 hasta más de 200 alimentos. Según ha constatado La Voz en varias clínicas, centros, farmacias y laboratorios que lo ofrecen en Vigo, cuesta en torno a 260 euros. Y no tiene ninguna validez científica.

Esa falta de rigor es algo en lo que coinciden médicos especialistas en aparato digestivo, en alergología y en pediatría, las tres especialidades que tratan las intolerancias y alergias a los alimentos. «Los tests no tienen ningún respaldo científico. Cuando los pacientes nos los enseñan, nosotros empezamos de cero, como si no se lo hubieran hecho», dice el especialista en digestivo Alfonso Martínez Turnes, del Hospital Álvaro Cunqueiro. La jefa del servicio de alergología del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi), Carmen Marcos, que consulta en el Meixoeiro, coincide: «Sabemos que no hay ninguna evidencia científica que sustente su validez diagnóstica». Como las intolerancias alimentarias son un problema creciente, «hay muchas personas confundidas que van de médico en médico haciéndose estos análisis», analiza.

No es la opinión aislada de dos médicos. Las sociedades científicas de cada especialidad también se han manifestado en contra con contundencia. «Los tests de intolerancia alimentaria basados en análisis de sangre no son útiles para el diagnóstico de trastornos funcionales digestivos», advierte la Sociedad Española de Patología Digestiva. Este colectivo explica que los análisis de sangre de este tipo «determinan cómo reaccionan los anticuerpos del paciente ante determinadas sustancias (proteínas) presentes en los alimentos», pero que estos anticuerpos solo constatan que se ha tenido contacto con el alimento, no su intolerancia.

Los anticuerpos se conocen como IgG, de ahí que las pruebas se anuncien como test IgG. Hay otras como Alcat o Novo. Solo se realizan en centros privados. En Vigo hay algunos centros que anuncian que los tests pueden servir para diagnosticar patologías digestivas, respiratorias, dermatológicas y hasta neurológicas. Al paciente solo se le pide que reserve cita y que acuda en ayunas. Con los resultados, se le propone una dieta que consiste en evitar los alimentos a los que existe esa supuesta intolerancia. Muchos acaban en el digestólogo o en el alergólogo porque esas complicadas dietas no funcionan.

Un problema en aumento

Pero lo que sí es cierto es que las intolerancias y alergias a los alimentos son problemas crecientes. Conviene diferenciarlos.

La alergóloga Carmen Marcos explica que en las alergias se produce «una respuesta anómala del sistema inmunológico». Cuando se contacta con el alimento, se desencadena una reacción grave, la anafilaxia. Puede ser mortal.

El digestólogo Alfonso Martínez Turnes expone que las intolerancias alimentarias «se producen sin participación del sistema inmunológico», así que los síntomas -desde dolor hasta diarrea- no se manifiestan de manera rápida ni son graves. Las causa una alteración metabólica: al tubo digestivo le falta una enzima y esto dificulta la digestión. Hay una intolerancia especial que es la enfermedad celíaca o celiaquía, en la que sí participa el sistema inmune: la ingesta de gluten -en el trigo, el centeno, la cebada o la avena- destruye las vellosidades intestinales, lo que complica la absorción de nutrientes.

Tratando con leche la alergia a la leche

Ángel Paniagua

Los alergólogos y pediatras del Chuvi usan una terapia para el huevo y la proteían de la leche, que consiste en dar pequeñas dosis del alimento y aumentarlas; han curado a 21 personas

Los pacientes con graves alergias alimentarias nunca se apartan de un kit de emergencia. Porta adrenalina, que se deben pinchar de manera inmediata si se desencadena una reacción por haber tenido contacto con el alimento peligroso. Las alergias pueden provocar la muerte. Por eso el tratamiento que históricamente se ha utilizado ha sido el mismo: evitar el ingrediente que causa reacción.

Pero no es tan fácil como parece. Un alérgico a la proteína de la leche puede pensar que con no ingerir leche o derivados tiene el problema resuelto, pero las trazas de ese producto pueden aparecer en muchas otras comidas. Así que el enfermo tiene que estar muy atento. «Si un niño alérgico a la leche come accidentalmente un trozo de una tarta que contenga trazas de leche o incluso si come de una cuchara que haya tenido contacto con esa tarta puede tener una reacción alérgica potencialmente grave», ilustra la pediatra Sara Pereiro, de la unidad de alergia y asma pediátrica del Álvaro Cunqueiro.

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Las cifras son variables. La Sociedad Española de Patología Digestiva estima que hasta un 20 % de la población presenta intolerancias alimentarias, aunque no existen estudios epidemiológicos potentes. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica dice que las alergias afectan a un 8 % de los niños y entre el 3 y el 4 % de los adultos. En el área sanitaria de Vigo, que abarca a los municipios del sur de la provincia, todo esto supondría que hay en torno a 6.000 niños y 20.000 adultos con alergias. Las intolerancias se elevarían a cien mil personas.

Son estimaciones. «Tenemos a dos mil niños en seguimiento con alergias», dice la pediatra Sara Pereiro. «Los procesos alérgicos por alimentos son la tercera causa de consulta en nuestra especialidad después de las alergias respiratorias y las reacciones a medicamentos», dice la alergóloga Carmen Marcos. Y no parece que vaya a bajar.

Tests de aliento para fructosa y lactosa

El diagnóstico de las intolerancias alimentarias es puramente empírico: se prueba a retirar de la dieta el alimento que causa problemas y, si el paciente mejora, se determina que hay una intolerancia.

Pero empieza a haber pruebas objetivas. Una es el test de aliento. El servicio de digestivo del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo, en el Álvaro Cunqueiro, prevé incorporar estas pruebas en los próximos meses, como ya usan los pediatras. Se usarán para la lactosa y la fructosa. «Consisten en medir de forma seriada cada 15 o 30 minutos durante un período de dos o tres horas los niveles de hidrogeno y metano en el aire espirado, tras haber ingerido el paciente una dosis de lactosa o fructosa», dice Martínez Turnes.

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