De Angola a Croacia, pasando por el Rápido de Bouzas

Anderson deja el equipo vigués para marcharse al club de Alavés, que le cederá a un conjunto de la Primera croata


Vigo / La Voz

«¡Es de locos! ¡El fútbol es de locos! ¡Me doy cuenta de que hace un año estaba en Preferente y ahora acabo de firmar por el Alavés y me marcho cedido al Rudes!». Es imposible resumir mejor la montaña rusa que Anderson Emanuel Castelo Branco da Cruz (Angola, 1996) ha experimentado en los últimos meses. Porque el hasta ahora futbolista del Rápido de Bouzas ha pasado de estar sin equipo en verano a firmar por un Primera División que le cederá hasta final de temporada a un club croata. Y todo, gracias al rendimiento que ha ofrecido vestido de aurinegro a las órdenes de Borja Jiménez.

Fue el domingo pasado, cuando la noche ya había caído en Vigo, cuando la carrera de Anderson dio el giro más inesperado. «Mi representante me había dicho que había un par de equipos interesados en mí, y que teníamos que hablar, y cuando lo hicimos me dijo que era el Alavés el que me quería. Me quedé asombrado y encantado a partes iguales», relata.

El lunes a las dos de la madrugada puso rumbo a Vitoria, y todo se precipitó. Pasó el reconocimiento médico, se ataron los últimos flecos y firmó por cuatro temporadas. «Fue una locura, no me creía lo que estaba pasando». Era la última vuelta de tuerca a una carrera plagada de giros.

Anderson tenía cuatro años cuando llegó a Portugal procedente de Angola. Su familia se asentó en una pequeña localidad cerca de Lisboa y allí empezó a patear el balón. Le gustaba, se enroló en el equipo del pueblo, «pero yo quería algo más. Creía que el fútbol podía ser más serio». Y siendo solo un crío se sumó al Cacém. Para entonces tendría unos doce años y ya destacaba. Le llamó el Sporting de Lisboa, probó y le enviaron a un club satélite, el Real Sport Club, donde estuvo hasta el primer año de juveniles. «Para entonces ya no podía compaginar los estudios y el fútbol y mi madre me dijo que lo primero eran los libros», recuerda divertido, así que puso rumbo al humilde Lourel.

Pero la larga lista de escudos que Anderson defendió se siguió engrosando, y la siguiente parada fue el Varzim de Porto. «Era juvenil de segundo año y era una oportunidad para mí, era estar en la mejor liga de juveniles. Hice un buen año, pero hubo un lío con los representantes y no continué. Me quedé sin club hasta que empezó la liga y entonces me repescaron para el equipo B».

Anderson veía que aquello no tenía mucho futuro y decidió hacer las maletas. En enero se sumó al proyecto del Verín en Tercera División, abriendo entonces un camino que en verano le conduciría al Ourense C.F. «Era un equipo de Preferente, pero a veces hay que dar un paso atrás para tomar impulso. Hicimos un año muy bueno y ascendimos», celebra. Para entonces ya había entrado en la rueda del fútbol español, y se marchó a probar con el Málaga. «Pero por un par de cosas no me quedé, y me llamó el Rápido». Era ya finales de agosto, y, a la carrera, por fin encontraba equipo. Era su primer paso en Segunda B. Hoy, medio año después, vuelven a sonar tambores de despedida. Por una buena razón.

«El Rápido ha sido clave. Me ha dado la oportunidad de jugar en Segunda B y gracias al trabajo de los compañeros, del entrenador, y al que he hecho en el campo y fuera de él, cuidándome, ha llegado la oportunidad de firmar por un club de Primera. Sin el Rápido yo no podría estar aquí», dice desde Vitoria.

Todo fue tan apresurado que ni tan siquiera pudo despedirse de sus compañeros de vestuario, la gran pena que le queda, pero sabe que en su deporte las cosas no siempre siguen las reglas. «Ahora me toca empezar a trabajar con el Rudes de la Primera croata, que está estos días en España, y hacer las cosas bien, tengo que coger ritmo y costumbres de un equipo de Primera, y en verano regresaré. La idea es hacer la pretemporada con el Alavés y luego se decidirá». Lo que es seguro es que Anderson pondrá todo de su parte para ganarse una oportunidad en la élite. «Acabo de cumplir un sueño, que es firmar un contrato profesional con un equipo de Primera, y el siguiente sería estar en la primera plantilla. Mis ganas no tienen límites y con trabajo y más trabajo todo puede pasar». Sabe, mejor que nadie, que el fútbol da muchas vueltas.

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