El adoquinado fracasa en las calles de Vigo

El ruido del tráfico y la incomodidad para el paseo hacen que los vecinos rechacen los cantos


Vigo / La Voz

Nadie diría que en otro tiempo el pavimento de las calles de Vigo era en su mayoría adoquinado: Policarpo Sanz, García Barbón, Areal, Colón y hasta Príncipe lucían esa modalidad. A día de hoy se cuentan con los dedos de una mano las que han sobrevivido a las sucesivas reformas y humanizaciones. No solo eso, sino que los intentos por retomar ese modelo han fracasado. A diferencia de Portugal, donde el empedrado ha logrado resistir el paso del tiempo y constituye uno de sus mayores atractivos, en Vigo los adoquines son un incordio. Los motivos son diferentes, según el sitio en los que estén colocados.

En la plaza de Compostela y García Olloqui el motivo de levantarlos no es otro que el ruido que produce el tránsito de vehículos. La humanización fue ejecutada en el 2005 para ofrecer la mejor cara en la salida de la Volvo Ocean Race. La idea era restringir el tráfico, algo que no sucedió. Los vehículos han seguido circulando y han provocado el rápido deterioro del pavimento y su sucesivo parcheado. Los vecinos denunciaron la elevada contaminación acústica y la justicia les dio la razón, lo que ha obligado al Concello a cambiarlo. En este momento se inician las obras.

«Nosotros encantados con que lo arreglen, pero como no nos consultaron, que hagan lo que quieran», comenta sobre la reforma de la plaza de Compostela Enrique Montenegro, presidente de la asociación de vecinos Elduayen. Aunque el proyecto solo incluye esas dos calles, son más los residentes que denuncian el mismo problema en otros viales. Es el caso Carral, donde al ruido de la circulación se suma otro inconveniente no menos grave: las piedras de los maceteros esparcidas por el suelo saltan a sus escaparates al paso de los coches. Tal es la situación que algunos comerciantes tienen problemas para asegurar las lunas. Uno de los establecimientos que ha sufrido este percance es la tienda de tabacos. «No sabemos si lo van a cambiar o no en esta calle, pero el ruido es muy molesto», indican desde la tienda. Una opinión similar expresan en la librería situada a escasos metros. «Ojalá que lo cambien, pero de momento seguimos con el adoquinado». La calle Laxe, próxima a la anterior, mantiene un lateral con pequeños cantos.

Otro ejemplo de adoquinado que se fue la traste es el de María Berdiales, inaugurado en el 2000 por el entonces concejal de Vías y Obras, Uxío González. El edil se preocupó de traer los mejores especialistas de Portugal, quienes pusieron cada una de las piedras a mano. De nuevo el tráfico lo fue deteriorando poco a poco, al mismo ritmo que se iba parcheando. Finalmente, la calzada fue asfaltada aprovechando su humanización. En la actualidad queda una pequeña muestra en el extremo más próximo a Gran Vía.

Tampoco sale bien parado el paseo adoquinado de Bouzas. La incomodidad que supone caminar sobre los pequeños cantos puntiagudos hace que los peatones paseen por el carril bici y que se produzcan disputas con los ciclistas por su ocupación.

La plaza de la Independencia es otra de las zonas adoquinadas. Casi recién estrenada, las vecinas se quejaron de dejarse los tacones clavados entre las juntas. En este caso fue una cuestión de paciencia. Con la salida de la hierba el problema quedó resuelto.

Como en el resto de la ciudad, en el Casco Vello las sucesivas humanizaciones se llevaron por delante los adoquines. Las reformas se iniciaron con el Plan Urban a finales del siglo pasado. Una de las actuaciones más criticadas fue la de la rúa Real, al tratarse de la arteria más simbólica del barrio antiguo. Asociaciones como Amigos dos Pazos acusaron al gobierno local de desnaturalizar el barrio antiguo. «A rúa Real tiña un empedrado espectacular. Fíxose en dúas partes e pediuse que volvera a poñerse. Levouse a pedra a unha serrería, pero non foi posible porque non daba para o mesmo espazo», indica el secretario de la asociación de vecinos del Casco Vello, Fiz Axeitos.

Entre las pocas calles que se salvaron están la Baixada á Fonte y Cesteiros, más que nada por la presión vecinal, sobre todo en el primer caso.

En el centro de la ciudad apenas existen adoquines. Uno de los pocos ejemplos que quedan está situado en la Travesía Santiago de Vigo. Apenas tiene incidencia al tratarse de una calle peatonal y de escasa longitud.

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