El Vigo que no sonríe sale a las calles

Una exposición fotográfica muestra hoy en Príncipe las caras de la exclusión social

O Vigo que non sorrí O Vigo que non sorrí

vigo / la voz

Hay un Vigo que sonríe e incluso que ríe a carcajadas. Nadie lo niega. Pero también hay uno más oscuro que muestra los dientes. Ese es el que ofrece el vigués Aarón Díez, diseñador gráfico de profesión y fotógrafo de vocación. En veinte instantáneas de 100 por 70 centímetros recoge una realidad social que decidió investigar y conocer de cerca. Protagonistas de desahucios, activistas sociales, personas sin techo, albergues... aparecen plasmados con la técnica del desaturado. Las imágenes serán portadas hoy por activistas de diferentes colectivos sociales en la calle del Príncipe a las 12.00 horas. La exposición itinerante se mostrará a partir del lunes en la Praza do Rei para continuar posteriormente por otras zonas de la ciudad.

O Vigo que non sorrí, es una muestra urbana sobre la ciudad que no vemos. «Trata de mostrar la realidad de un Vigo que no sonríe porque no tiene motivos para hacerlo. El Vigo del no: del no tengo casa, no tengo trabajo, no tengo voz, no tengo derechos... El Vigo que no queremos ver o que solo miramos de reojo», explica el autor de los retratos.

La iniciativa nace como respuesta a la exposición del fotógrafo Javier Teniente, que mostró un Vigo sonriente. «No pretendemos criticar la buena voluntad del proyecto, que quería sacar una sonrisa a la gente. Buscamos la empatía y la responsabilidad colectiva ante los dramas sociales que tenemos en la puerta de casa, aquellos que las instituciones tratan de ocultar», comenta. «Vivimos en una ciudad hermosa, pero donde hay demasiadas personas que no pueden disfrutarla», añade el fotógrafo vigués.

Dos vertientes

Si por un lado muestra a las víctimas del desempleo, los malos tratos o el abandono institucional, por otro, descubre a los activistas que luchan a diario por conseguir un Vigo más justo e igualitario.

Aaron Díez, que pasó cinco años en Perú trabajando y aprovechó para retratar la realidad de ese país, asegura que no hace las fotos para vender, sino, simplemente, para dar a conocer una realidad social. «Tengo unas mil fotografías, pero no todas valen. Que merezcan la pena serán unas treinta», comenta. Estas fueron tomadas durante el invierno pasado. Sin embargo, no han perdido actualidad. Como entonces, a sus protagonistas les sigue costando sonreír.

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