50 toneladas de basura por cada día de fiesta

Los seis millones de bombillas han enviado a la atmósfera 2.800 toneladas de CO2


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Post festum pestum, que decían los romanos y fieles a la tradición nos toca dar la lata con el impacto ambiental de las Navidades que, por poner una imagen, podríamos ilustrar con esos contenedores rebosantes. Concretamente en Vigo suponen 50 toneladas diarias de incremento en la generación de residuos en las fechas pico de las fiestas, pero podemos afinar más la tipología de esas 300 toneladas en total que ya no vemos pero no han desaparecido. Dos tercios fueron envases y embalajes, que significan una gran diferencia en peso pero sobre todo en volumen.

Si algo caracteriza los residuos navideños es el sobreempaquetado. Seguro que nadie pretende regalar basura a sus seres queridos, pero en el fondo lo hacemos en buena medida. El lacito de celofán, el papel satinado de regalo, la bolsita de plástico sellada que abrimos para llegar a la cajita vistosa de cartoncillo, dentro de la cual está la cajita de cartón que cubre el porexpán, o el plástico, o ambos y el minúsculo envase final.

No es inocente este sobreempaquetado. Cuanto más envoltorio mayor sensación de que el contenido resulta valioso y cuanto más superfluo sea el producto mayor cantidad de embalajes que pasarán a convertirse en residuos. Procesar estas 200 toneladas de residuos será un quebradero de cabeza para empezar por su heterogeneidad.

En primer lugar se necesita separar los distintos tipos de plásticos (en el mejor de los casos siete composiciones diferentes) los tipos de papel y cartón, vidrios y cristales, metales... Una vez separados, los que al menos salgan del contenedor amarillo, iniciarán su proceso de reciclaje. Los que terminen en el contenedor genérico se irán mayoritariamente al vertedero o incineración.

Regalos al margen, no hay fiestas sin comilonas, al menos quienes se lo puedan permitir, que según los datos de Os Ninguéns, RSP o Banco de Alimentos, entre otros, no son ni mucho menos tantas familias como imaginamos. Y ¿qué es una comilona sin marisco? Pasear por cualquier supermercado o tienda de congelados era un catálogo de todos los langostinos del mundo. Literalmente, porque ni el 0,5 % se pescó en Galicia.

Pocas delicatesen tienen una mayor desproporción entre su impacto ambiental y su precio final. Si incorporásemos la suma de su huella ecológica y social deberíamos añadir un cero a la derecha del precio de nuestro kilo de langostinos.

Y este año fue el de la centolla. Otro factor a tener en cuenta, como otra Navidad más, es el incremento exponencial del furtivismo. Siendo optimistas y extrapolando los casos denunciados y requisados (apenas la punta del iceberg) cerca del 25 % del marisco fresco que consumimos en Vigo estas fiestas era de origen ilegal.

Al vertedero

En el caso de Vigo, que obstinadamente se sigue negando a participar en el proyecto de compostaje de la Diputación Provincial, esas 50 toneladas extras de materia orgánica se irán al vertedero y a quemar. Seguirá siendo una paradoja reclamar medidas urgentes para recuperar los suelos incendiados mientras simultáneamente la materia prima vital para esa regeneración la seguimos tirando a la basura.

Y las luces, por supuesto, el éxito de la navidad viguesa. Siendo cierto que las bombillas LED consumen un tercio de una convencional, si triplicamos el número de luces estamos en la misma situación de derroche energético que se incrementa si dicha iluminación se conecta un mes antes de las fiestas.

Nada indica que vaya a mejorar la situación, pues si este año, según se ha dicho, fuimos la envidia de Tokio y Nueva York, suponemos que el próximo el objetivo será superar a todas las ciudades del mundo juntas.

Pongámonos en el mejor de los casos y asignemos solamente un vatio de consumo a cada uno de los seis millones de luces instaladas en las calles de Vigo. Su traducción serían 2.783 toneladas de CO2 enviadas a la atmósfera. Se trata de un cálculo muy conservador, pues uno de los daños colaterales de la sequía, el descenso de agua embalsada para la generación hidroeléctrica, se compensó precisamente con el incremento de las térmicas de carbón, de las que en circunstancias normales Vigo ya se abastece en cerca del 40%.

La conclusión es que al final los Reyes Magos nos han dejado mucho carbón, quizás por no habernos portado demasiado bien con nuestro planeta

Al menos tenemos una buena noticia: lo de los arbolitos de Navidad parece que va a menos. Será un consuelo no tener que recorrer Vigo, como tantos años en noches como la de hoy, rescatando árboles de la basura. Eso sí que es una metáfora de la celebración de la vida.

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