No son vigueses ni jicho ni chollo ni patatilla ni tenis

Una revisión de esas palabras que siempre creímos que eran de Vigo


Vigo / La Voz

Damos por hecho que los vigueses tenemos un vocabulario propio, un diccionario que nos distingue del mundo y que tiene su cumbre en palabras como tenis, patatilla, chollo o jicho. Pues bien, alguien tenía que decirlo: todo esto es mentira. Siento ser portador de tan malas noticias para los cimientos de la identidad olívica. Pero todas esas palabras, al igual que las olivas o manises que degustamos en el aperitivo, ni son viguesas ni utilizarlas constituye singularidad de ninguna clase. Amicus Plato, sed magis amica Veritas, decía el clásico. Y, en momentos tristes como este, el cronista se ve en la penosa obligación de tener que reconocer lo ineludible: el vocabulario vigués no existe.

Para comenzar, vamos a vestirnos por los pies. Y refutar que la palabra tenis sea una creación viguesa para referirse a las zapatillas de deporte. Muchos sostienen que incluso tiene una versión en singular: teni, cuando se refiere a una sola pieza del calzado: Llevas desabrochado un teni. Pero ni siquiera en plural tiene esta palabra nada de singular. Porque tenis es un vocablo común en castellano para referirse a las playeras. Y es tan normal y corriente como que está recogido en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, concretamente en la acepción número 3 de la entrada tenis, que reza: zapatillas de deporte.

Tras la primera decepción, pasemos al aperitivo: tampoco es vigués decir patatilla. Aquí podría parecer que los vigueses sabemos hacer una distinción que sí existe por ejemplo en inglés, donde hay palabras distintas para las patatas fritas en juliana: french fries o, simplemente, fries, frente a las preparadas en finas rodajas: potatoe chips o, sencillamente, chips.

Lo común en España es que no exista tal diferencia y que todas sean patatas fritas, mientras en Iberoamérica se decantan por papas fritas. Pero la distinción de patatillas para nada es exclusivamente viguesa. Porque es cierto que no aparece en el diccionario de la RAE, pero también se dice habitualmente en la otra punta del país: en Baleares se utiliza patatillas con el mismo sentido que en Vigo. Otra palabra viguesa descartada.

Continuemos este trabajo con la palabra chollo, que muchos vigueses dicen que significa trabajo y que es exclusiva de nuestra ría. Cuando la buscamos en el diccionario de la RAE, tiene otra definición: Cosa valiosa o apreciable que se adquiere a muy bajo precio o con poco esfuerzo. En castellano, por tanto, no todos los trabajos son un chollo, ni mucho menos. Y hay quien ha llegado a publicar que la singular acepción viguesa provenga del inglés, por deformación de la palabra job.

Todo ello provoca bastante risa, porque no hay que ir tan lejos para encontrar la explicación. Basta con abrir el diccionario de la Real Academia Galega en lugar del diccionario de castellano. Y ahí aparece choio, en su acepción número dos: Calquera traballo, asunto ou negocio. Por fin conseguiu un bo choio.

Así que choio no es una palabra rarísima, inventada en Vigo. Es gallego, puro y duro. Lo que pasa es que se escribe con i latina y no con elle: choio. ¡Que no es con doble ele! Y, por cierto, también se puede decir choiar, pero no chollar.

Pero lo peor está por venir. Porque tampoco jicho es una palabra viguesa. Y mucho menos es cierto que tenga un significado negativo en otras latitudes de Galicia. Porque estamos de nuevo ante una palabra gallega, recogida en el diccionario de la RAG, aunque sin geada. «Guicho: Que é vivo e esperto. Aquel repaz guicho e guapo namoraba a todas as mozas». Un guicho, un ghicho o un jicho es una palabra gallega, no una ocurrencia única propia de Vigo.

Podríamos seguir desmontando los manises, con que denominamos en Vigo a los cacahuetes, pero en una ciudad donde hacía escala el Yapeyú, con tan hondas relaciones con América, deberíamos recordar la histórica canción cubana El manisero, que lo explica todo. Y las olivas son simplemente el fruto de los olivos, en vocablo recogido perfectamente por la RAE. En ningún caso constituyen una forma genuinamente viguesa de llamar a las aceitunas.

El vitrasa, por su parte, seguirá siendo sinónimo de autobús urbano, mientras se mantenga la marca comercial. Y tal vez nunca entenderemos por qué un local sin acondicionar se anuncia como lóbrego, que significa oscuro, tenebroso, y que no parece la mejor forma de vender una propiedad inmobiliaria.

Pero, aunque haya otros misterios lingüísticos que queden para futuras pesquisas, el cronista ha cumplido la penosa función de desmontar el mito. Ni tenis ni patatilla ni jicho ni chollo... son vigueses.

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