El base que se subió a la Harley

El exjugador de baloncesto y campeón de liga y copa LEB Plata con el Marín Peixe Galego es el gerente del único concesionario oficial de la marca en Galicia


vigo / la voz

«Una Harley Davidson es historia, filosofía, tradición, no es una marca de motos, es un concepto de diversión». No es un eslogan, es la visión de estos mitos de la carretera que ofrece Juan Sobrino, la mano derecha junto con Fernando Rivallo, de Manu Ferreiro, un campeón de baloncesto que colgó las zapatillas para dirigir el único concesionario oficial de Harley Davidson que hay en Galicia. Juntos forman un tridente letal. Sobrino es el capo del taller, Rivallo manda en la boutique y Ferreiro, como el base que en su día fue, es el cerebro del equipo.

Esta sociedad nació hace justo un año. «Surgió por casualidades de la vida. Fernando y Juan tenían la idea de volver a abrir el concesionario que había cerrado hace siete años, buscaban a alguien que se embarcara con ellos en el proyecto. Nos pusimos en contacto, le vimos viabilidad y abrimos», resume Ferreiro. Pero el proceso no fue para nada sencillo. «Harley es una marca que cuida mucho su imagen, busca que seas una persona seria, sin cosas raras por detrás y que conozcas bien el espíritu y filosofía de Harley», detalla el exdeportista. La marca lo investigó.

Harley Davidson es la encarnación de la libertad y la rebeldía, y en el imaginario colectivo está ese motero desafiante, con chaqueta de cuero y flecos, pañuelo en la cabeza y barrigudo. Nada más lejos de la realidad. «La gente piensa en la moto cuelgamonos, conductor de barba y cerveza. Y no, hay motos mucho más finitas y deportivas, para todos los públicos», desmiente Ferreiro. Otra falsa creencia es que el precio de estas joyas es prohibitivo. «Existen desde 7.000 y pico euros, no hay por qué irse a una moto muy cara», afirma el gerente. Aunque no rehúye el carácter exclusivo que se ha labrado la marca desde principios del siglo XX. «Puedes gastarte lo que te dé la gana en montarla a tu gusto».

Aunque ahora es todo un experto en el mundo Harley, hace menos de un año el mundo de Manu Ferreiro era la canasta. En Marín es un todo un ídolo. Fue capitán del Peixe Galego, con el que ganó el año pasado la liga y la Copa LEB Plata (tercera categoría del baloncesto nacional) para capitanear en la campaña siguiente a su equipo en LEB Oro, la antesala de la ACB. Sin embargo, sus obligaciones laborales le hicieron imposible continuar con su carrera deportiva. Se volcó por completo en su segunda pasión: el mundo empresarial. En colaboración con su padre, compagina la gerencia del concesionario con la dirección de otras empresas, como una cantera de piedra. Pero en su despacho hay una ventana al pasado. En una vitrina guarda el balón con el que se disputó la final de Copa firmado por sus compañeros. Era un botín muy preciado «pero el capitán era yo y me lo quedé», bromea.

El de las motos era un mundo completamente desconocido para Ferreiro. Ahora es todo un motero. «A mí me encantan los números, pero esto al final te engancha, es como una gran familia, quedas los fines de semana con la gente y vas a dar una vuelta, la moto me encanta conducirla e incluso la ropa, yo era más de corbata y camisa y ahora me gusta esta ropa».

Como gerente del concesionario puede permitirse un lujo que el resto de la humanidad envidia: probar las motos y «aunque aún me quedan unas cuantas por probar antes de decidirse, ahora me inclinaría por una para ciudad más finita», explica. Está abducido por el universo Harley.

el detalle personal

Dos locos por esta marca americana que se conocieron al detenerse en un semáforo en rojo

Un forastero solitario sale a dar un paseo con su Harley Davidson por la ciudad. Un semáforo en rojo le obliga a detenerse, el atronador sonido del motor de su moto le impide percatarse de que otro motero está detenido a su lado. De reojo percibe una silueta familiar, gira la cabeza y se encuentra con otra Harley.

Podrían haber revolucionado sus motores para ver qué máquina era más potente, o abrir gas y lanzarse a la carrera cuando se apagase la luz roja. Todo lo contrario. Sorprendidos ambos al encontrarse, a mediados de los 90, con otra leyenda del asfalto norteamericano en pleno centro de Vigo y tras examinar con recelo la montura del contrario, por fin uno de los dos contendientes se decide a romper el hielo. «¿Tú, qué?», le preguntó sin esperar respuesta para, acto seguido, realizar una inesperada invitación. «Quedamos todas las tardes en un bar aquí cerca, pásate un día si quieres». El semáforo se puso en verde y cada uno siguió su camino.

El forastero no dudó. El sol se puso, tomó su casco, subió a su moto y salió en busca del citado bar. Llegó, entró y encontró en la barra a aquel que hace unas horas lo sorprendió en el semáforo. Así se conocieron el forastero Fernando Rivallo y Juan Sobrino, los responsables de la apertura en Vigo del primer concesionario de Harley Davidson y los impulsores de su posterior reapertura, bajo la dirección de Manu Ferreiro. Son dos locos por las motos que jamás se separaron desde aquel encuentro casual que cambió el destino de la marca de motos en la ciudad. Ahora trabajan juntos en la creación de una moto para competir en el Battle of the King, un concurso europeo de diseño de Harley Davidson.

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