«¿Cómo se puede trabajar por 700 euros y mantenerse callados?»

El histórico dirigente sindical Waldino Varela recibe mañana el homenaje de sus compañeros de CC.OO.

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«Hace veinte años que Comisiones Obreras empezó a fallar» El fundador del sindicato en Vigo, Waldino Varela, recuerda sus comienzos y la primera huelga general

vigo / la voz

Waldino Varela es un histórico del sindicalismo vigués. Nacido en el seno en una familia de izquierdas - «en Teis no había entonces gente de derechas», sostiene- hace 87 años, evidenció desde bien pronto un claro compromiso político. Apenas había cumplido los 14 cuando empezó a trabajar en Vulcano, donde enseguida fue asomando su vertiente reivindicativa. Eran tiempos de sindicato vertical y de pensamiento único, pero Waldino, igual que otros muchos compañeros no solo del naval, sino de la práctica totalidad de los sectores productivos de la ciudad, estaba por la labor de empujar con fuerza para cambiar aquel escenario. Lo hacían, claro, desde la clandestinidad. Formó parte del núcleo duro que empezó a organizar las primeras comisiones obreras en los años 50, aunque tendrían que pasar más de dos décadas hasta el nacimiento oficial de la central sindical, de la que fue el primer secretario general. CC. OO. le rinde mañana un homenaje (11.30 horas, auditorio Abanca) como reconocimiento a una trayectoria que le convierte en «memoria viva da loita obreira».

-Pese a que a que eran tiempos difíciles empezó pronto esa lucha.

-Precisamente por eso, porque la vida no era fácil. Cuando ves cómo vienen a buscar a tu padre a casa dos veces y piensas que igual ya no vuelves a verlo... La lucha se lleva en la sangre. Tenía 16 años cuando me sancionaron por primera vez en Vulcano. Fue por defender a tres compañeros. El castigo fueron 15 días sin sueldo.

-¿Eso le hizo dar un paso atrás?

-Al contrario. Empezamos a luchar por el descanso de día y medio a la semana, por la jornada continuada, por la subida salarial... Aquello terminó en una huelga, la de 1962. El paro fue total en las fábricas, pero no salió nadie a la calle.

-¿Pero la gran huelga no fue la del 72?

-Esa fue la primera huelga general, en la que ya hubo represalias, detenciones y despidos, entre ellos el mío. Carrero Blanco había dado la orden de descabezar el movimiento obrero, así que fueron muchos los que acabaron en la cárcel. Yo apenas estuve 15 días. Hacíamos las asambleas en el monte, sobre todo en A Madroa. La última, con Franco ya muerto, fue en el Cuvi.

-¿En qué se diferencia aquel sindicato que usted vivió mientras estaba en activo del actual?

-En el giro político que han dado la mayoría de los dirigentes. El cambio empezó con el paso de Antonio Gutiérrez al PSOE, por no hablar de Fidalgo, que ahora colabora con la fundación de Aznar. Pero, sobre todo, se diferencia en que hay menos debate. Se cuenta menos con las bases. No se hacen asambleas conjuntas, cada empresa o sector toma decisiones por separado... No puedes movilizar a la gente si no la reúnes para que diga lo que piensa, para que exponga sus opiniones. Así están las cosas.

-¿Qué quiere decir?

-Que pese a que el panorama laboral es un desastre, a que se han dado pasos atrás en las conquistas, no hay movilizaciones. ¿Cómo se puede trabajar por 700 euros y mantenerse callados? Parece que los sindicatos lo han asumido. Igual que han asumido los contratos de trabajo de tres o cuatro días. Si no hay contestación, los gobiernos no se mueven. Nosotros convocamos tres huelgas generales con Felipe González en la Moncloa.

-¿Cree que una huelga general tendría hoy la misma respuesta?

-Claro que no. Para eso hay que moverse mucho. Nadie viene a darte las cosas a casa. Un sindicato no es una ONG, es política, es ideología, es compromiso por mejorar la vida de los trabajadores.

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