La procesionaria adelanta dos meses su aparición en los parques de Vigo

La plaga ha sido detectada ya en ejemplares de pinos en O Castro y en Samil


vigo / la voz

El calentamiento global revoluciona el calendario y la naturaleza muda su agenda cuando las temperaturas no se corresponden con lo habitual. «El cambio climático desbarata las estaciones», razona el educador medioambiental Antón Lois. Termómetros rozando muchos días los 30 grados durante septiembre y octubre abonan las alteraciones en el entorno. Por eso, plagas como la de la procesionaria del pino aparecen cada vez antes, tanto es así que el ciclo ya no es ni anual. En el año en curso, el 2017, en Vigo se empezó a detectar su presencia en enero. Y a principios de este mes de noviembre ya fue localizada en parques como el de O Castro, en el pinar de Samil y en jardines como el del Museo Liste, en la fase en la que se visibilizan los bolsones con forma de nube de algodón en las copas.

La procesionaria no provoca daños en la masa forestal. El problema que hace más preocupante su aparición es que afecta a las personas y animales al contacto con las orugas. La peligrosidad se produce en los meses de invierno, cuando el animal sale de los bolsones donde se ha desarrollado hasta alcanzar el tamaño máximo, de unos seis centímetros, y sale en procesión, de ahí su nombre. Las orugas bajan del pino y comienzan su recorrido hasta hallar una zona donde se entierran y forman la cámara de pupación para comenzar el nuevo ciclo.

El Concello de Vigo lleva años luchando contra este problema e incorporando los tratamientos que las químicas desarrollan y las empresas especializadas aplican. En su intento por acotar la acción de insecto cuya expansión es imparable, el ayuntamiento ha probado métodos diversos que han ido desde los sistemas tradicionales de fumigación, a otros más complicados como arrancar uno a uno los bolsones que forman en las copas de los árboles y luego quemarlos, o la colocación de trampas ecológicas mediante anillas que se ponen rodeando los troncos en las que impregnan señuelos de feromonas para capturar a las polillas macho en vuelo reproductor y evitar que completen su ciclo.

Los investigadores de la Estación Fitopatolóxica do Areeiro, organismo dependiente de la Diputación de Pontevedra, comenzaron el año pasado a desarrollar experimentos con drones junto a la empresa Aeromedia, montando sobre los drones unos cabezales con unas boquillas especiales focalizando los tratamientos con una precisión mucho más alta.

Althenia se encarga actualmente del mantenimiento y cuidad de los parques y jardines de la ciudad y es por tanto, la responsable del control de las plagas que le afectan. La compañía del grupo Sando, con sede central en Málaga, emplea métodos como la endoterapia, un tratamiento ecológico y sostenible que se usa para evitar la pulverización indiscriminada de productos químicos que contaminan.

A los profesionales ya no les cogen por sorpresa las alteraciones que genera el cambio climático. «Lo que tenemos que hacer es estar alerta todo el año», aseguran fuentes de la compañía. A la procesionaria se la suele atacar en dos fases, la preventiva en los meses de octubre y noviembre, y la curativa, que antes era en enero y se adelanta más cada año debido a que las condiciones hacen que la plaga actúe con mayor agresividad.

 Al contacto con la piel o mucosas es muy peligrosa y niños y perros son los más vulnerables

Los dueños de perros suelen ser los primeros en advertir la presencia de esta plaga y los mejores para poner sobre aviso a la población. De hecho, son ellos y no el Concello de Vigo, los que han comenzado a avisar a través de las redes sociales de los avistamientos de los que han sido testigos en las últimas semanas. La procesionaria es muy peligrosa si se toca, y las mascotas que todo lo olisquean y los niños pequeños, que tienden a tocarlo todo y llevárselo a la boca, son los más vulnerables a sufrir las consecuencias, que pueden ser graves.

El veterinario vigués Víctor Mora tuvo que atender en su clínica, Cuatro Patas, varios casos graves el año pasado. «Por ahora hemos tenido suerte, esta temporada no nos ha llegado ninguno», comenta, pero advierte que «hay que tener mucho cuidado porque antes todo era más o menos previsible. En enero o febrero subían a los pinos, ya habían hecho sus nidos y cuando empezaba a subir la temperatura, en primavera, las orugas bajaban de los árboles. Ahora mismo, en pleno otoño, ya se han visto hileras del insecto en los parques y eso no es normal».

Mora explica que los pelillos urticantes de la oruga pueden producir reacciones inflamatorias muy graves que pueden llegar a asfixiar al animal si se ven afectadas a las vías altas y si la tocan con la lengua, se puede necrosar.

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