Vigo afronta su tercera gran sequía en 15 años con déficit de infraestructuras

El trasvase del Verdugo se planificó en el 2002 y la Xunta lo comprometió en el 2006


VIGO / LA VOZ

Vigo tiene agua para los próximos 100 días. Se trata de una situación extrema, pero no nueva. Los ciudadanos sufren por tercera vez en los últimos quince años la falta de lluvias. Las sequías del 2002 y del 2006, al igual que ahora, obligaron a los responsables municipales a lanzar el mensaje de alerta, por un lado, y de prudencia, por otro, para no despilfarrar el agua.

En el caso del 2002, la sequía que se vivía entonces a comienzos de octubre era la peor de los últimos 40 años. El alcalde nacionalista Lois Castrillo activó entonces la alarma y prohibió el uso de agua para riego, piscinas y baldeos, amenazando con sanciones a quienes incumpliesen la orden.

En el 2006 -un año con elevada actividad incendiaria también- ocurrió a principios de septiembre. La entonces alcaldesa popular Corina Porro estuvo cerca de restringir el consumo a mediados de septiembre.

Ahora, la preocupante situación está a punto de prolongarse en el mes de noviembre. La sequía es fruto de una primavera, un verano y un otoño especialmente secos.

La diferencia en cada nivel de alerta activados es que la primera vez el Concello de Vigo movió ficha para planificar infraestructuras, la segunda vez las pacto y ahora, reclama lo prometido. En concreto, una obra que se antoja fundamental como el trasvase del río Verdugo al Oitavén. Este proyecto se apalabró con el entonces conselleiro de Medio Ambiente de la Xunta, Agustín Hernández, pero que nunca se llegó a ejecutar.

En el 2002 existía la duda entre los mandatarios de Vigo de la necesidad de construir un tercer embalse que sirviese de alternativa a los de Zamáns y Eiras. Dicha presa se haría en el río Oitavén, pero finalmente se optó por el trasvase ya mencionado del caudal del Verdugo. El Concello, en septiembre de aquel año, reconocía estar a la espera de que la Xunta se hiciese cargo de la financiación del plan que la empresa Seragua (la actual concesionaria Aqualia) cifró en 240 millones de euros. Este proyecto era muy ambicioso. Además de dar servicio al municipio de Vigo, lo haría también a otros muchos del área de influencia.

La realidad, 15 años después, es que todos los datos que justificaban el proyecto, el propio diseño de la actuación -que financió Seragua- y las voluntades que se forjaron para sacarlo adelante cayeron en el olvido. El Concello optó por el trasvase del rio Verdugo, que encontró el compromiso verbal de la Xunta, pero nunca llegó a presupuestarse.

La semana pasada, el alcalde Abel Caballero volvió sobre el asunto a propósito de la situación que padece la ciudad y demandó a la Xunta que reactive la iniciativa para evitar situaciones extremas como la actual en futuras ocasiones.

Consumo responsable

El sistema de cobro de agua en Vigo ha sido muy criticado en los últimos años al considerarse que implica un derroche del líquido elemento. Cada vigués paga por este servicio una tasa que implica un consumo de 500 litros al día de máximo, cantidad que es muy superior a la que suele utilizar una familia cada jornada. El sistema de tramos que se aplica desde el año 1991 no premia a los ahorradores ni favorece el uso razonable de un recurso tan preciado. El gobierno local volverá a hora a hacer una campaña para pedir un consumo responsable.

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