«Redactar demandas no me daba paz»

La viguesa Paula G. Montes cuenta en un libro cómo abandonó la abogacía para dedicarse a la terapia

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vigo / la voz

Paula G. Montes (Vigo, 1979) llevaba siete años ejerciendo como abogada cuando empezó a plantearse que no le gustaba lo que estaba haciendo. Hasta ahí, nada nuevo. Su percepción es común a un gran número de personas que cada día acuden a su trabajo y los sentimientos que les produce su vida laboral oscilan entre el asco, el odio o la indiferencia. Pero Paula no hizo lo que la mayoría. Unos años después había abandonado el Derecho y abría una consulta de reiki tras formarse como maestra en esta terapia. Su experiencia la cuenta en el libro Se pueden amar los lunes, que acaba de publicar.

-¿Escribirlo ha sido una especie de inventario para dar cuenta de todo el proceso que la llevó a donde está ahora?

-Sí. Quería dar un cambio a mi vida laboral y me costó mucho porque tenía mis miedos, me había formado para ser abogada y estaba trabajando como tal. Cuando sentí que necesitaba dar ese paso eché de menos que hubiese un manual para poder hacerlo. Una vez que ya pasó toda la tormenta, que tengo mi consulta y que me he asentado, cuento cómo lo hice.

-Un libro así, que le guiase o le animase es lo que le hubiera gustado poder consultar en ese momento crítico, ¿no?

-Exacto. Yo en ese momento buscaba ejemplos. Leía muchas biografías de personas que habían hecho cambios den su vida y se sentían satisfechas. Cuando me planteé escribir mi propia experiencia, lo que pretendía era contarle a la gente que se puede hacer, que es posible aunque lo cómodo y lo seguro sea quedarte con tu trabajo y no moverte del asiento. Es complicado, pero se puede.

-Bueno, no siempre...

-Claro. Cada caso es un mundo y a veces hay circunstancias personales que te lo impiden. Yo quería contribuir a la idea de que se puede emprender un cambio y es importante tener una pasión y poner empeño en ella.

-El libro, en sí mismo, también es un reto. ¿O ya escribía antes?

-No, antes escribía demandas hasta que descubrí que no me daba paz y me quitaba vida. Del libro, lo que más me costó fue terminarlo, porque mi hija tiene un año y eso complicó algo más el proyecto. Respecto a la publicación, no lo mandé a ninguna editorial. Pensé que la mejor opción era la autoedición. Busqué un corrector, un maquetador, un fotógrafo y una imprenta.

-¿El reiki se lo encontró como paciente? ¿Por qué tiró por ahí?

-No, fue casualidad. Iba por la calle y me encontré un cartel que anunciaba una charla: «Reiki. Trabajo con la energía». Como no sabía qué era y salí cabreada porque pensé que era una tomadura de pelo. Pero me hicieron reiki y empecé a notar cambios en mí y quise saber más. Empecé a investigar y a meterme en el tema.

-¿Ya pensaba que podía vivir de ello?

-Qué va. Ni lo imaginaba. El cambio de un trabajo a otro fue un proceso lento y al principio compaginé ambas cosas hasta que decidí qué quería.

«Disfrutaba defendiendo casos y además se me daba bien»

La exletrada viguesa disfrutaba de éxito profesional en el sector. De hecho, reconoce que solo perdió un caso a lo largo de sus años de experiencia. Estaba en un despacho de abogados grande y el primer paso fue dejarlo y abrir otro más pequeño con una compañera.

-¿Cuándo empezó a trabajar como abogada ya tenía la sensación de que se había equivocado o le decepcionó por el camino?

-Nunca me conquistó, aunque no todo me parecía negativo y además se me daba bien. Disfrutaba defendiendo casos delante del juez, del fiscal y del secretario. Y además tiene la parte cómoda al ser una profesión reconocida y percibir un sueldo que te permite vivir bien. Pero trabajando, en el día a día, me decepcionó completamente. Me parecía asfixiante y frustrante. No era lo que me pedía mi ser interno.

-¿Cómo emprendió el camino del cambio?

-Respuesta

-¿Cuanto tiempo lleva en su nueva vida?

-Abrí la consulta en el 2013, aunque ahora mismo está en stand by porque estoy centrada en cuidar a mi hija

-¿Se arrepintió en algún momento?

-Jamás desde que encontré paz con lo que hago. Pasé de levantarme cada mañana pensando: ¡No, otra vez lunes, me quiero morir! a hacerlo tranquila y relajada, sin ese agobio constante. Poe eso el libro se llama Se pueden amar los lunes.

-¿Qué le aportó el reiki, además de una salida laboral?

-Me ayudó a entender por qué escogí la profesión de abogada y al mismo tiempo me llevó a escoger otro camino.

-¿Dónde aprendió?

-En Vigo, con un gran maestro, David Massó, que murió. Y con su mujer, Rebeca Gundín.

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