La prostitución se dispara en Vigo y ya la ejercen unas 250 personas

Los proxenetas siguen trasladando la actividad a pisos para ocultar el negocio en la calle

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VIGO / la voz

Internet es un pozo de información para todos los gustos. Existen páginas web que evidencian la elevada oferta de sexo que hay en Vigo a cambio de dinero. www.pasion.es es uno de estos portales, que ayer -acotando la búsqueda a las últimas 24 horas- revelaba que más 41 mujeres se ofrecían de forma reiterativa tanto en pisos privados como compartidos. Entre los hombres la cifra caía a 28 y en el caso de transexuales se fijaba en 36. Mientras, el colectivo Faraxa, que trabaja para la erradicación de la prostitución y la identificación de sus promotores, conoce esas cifras y tiene censos de pisos en los que se pone precio al sexo. Su labor en el centro de día que gestiona, y el trabajo de campo que hacen con una unidad móvil, les permite cifrar en la memoria del 2016 el número de hombres, mujeres y transexuales que se ganan la vida con el oficio más viejo del mundo: en Vigo y su perímetro se eleva a 250.

El documento revela que la prostitución se disparó en el 2016, cuando en los últimos años ya se venía dando una tendencia progresiva, aclaran en el colectivo. El grueso de estas personas están asentadas en la ciudad, aunque otras se ocupan en O Porriño, Ponteareas, Cans o Cangas. Faraxa constata que «otra tendencia que sigue asentándose es la proliferación de pisos frente a la cada vez más residual presencia de hombres, mujeres y transexuales en la calle, además de locales nocturnos en los que se sigue concentrando una variada oferta que mantienen a flote estos negocios». En el caso de los pisos, el objetivo es claro. Muchas de estas personas trabajan para proxenetas u organizaciones que con estas iniciativas buscan ocultar el negocio que manejan para hacerlo menos visible a ojos de la sociedad, las fuerzas del orden o los departamentos públicos de servicios sociales que tienen competencias para hacer frente a esta lacra.

Contexto provincial

La memoria de Faraxa, que implica un trabajo de riesgo por las amenazas que han sufrido en algún momento sus integrantes, pone sobre la mesa que «en la provincia la cifra de personas que ejercen la prostitución se sitúa en 750, lo que supone que una de cada tres se gana la vida en Vigo y su entorno». Otro dato que permite contextualizar la labor de Faraxa revela que el colectivo atendió a una media de 14 personal al día, siendo 502 en todo el 2016: 85 % mujeres; 9 % hombres y 6 % transexuales.

El abanico de nacionalidades de las personas que reclamaron ayuda o asesoramiento a Faraxa sitúa a Brasil como el país con más presencia en Vigo (113 personas); España (87); Nigeria (52); Colombia (45); Rumanía (35); República Dominicana (34); Portugal (18); Paraguay (17); Marruecos (10) y Senegal (5). También figuran otras naciones como Irak, Camboya o Italia con una representación muy baja.

La legalización no es el camino

Carmen Lago

La lucha de la Asociación Faraxa para abolir la prostitución y la explotación sexual de mujeres y niñas y niños radica en considerar la misma como una forma más de violencia de género que atenta directamente contra los derechos humanos, siendo la mayor esclavitud del siglo XXI. La discriminación que viene padeciendo la mujer prostituida se ve reflejada en la opinión de muchos sectores de la sociedad que abogan por el reglamentarismo bajo la creencia de que aporta beneficios legales y sanitarios a estas mujeres, cuando en realidad está permitiendo y legitimando el negocio del sexo, otorgando al hombre derecho y poder de dominación sobre las mismas, manteniendo y creando más desigualdades. Esta postura no promueve la mejora de la salud física y psicológica de estas mujeres sino que da lugar a consecuencias negativas para las mismas. Tomando como referencia modelos reglamentaristas impuestos en otros países como Holanda, Alemania o Australia, consideramos que la legalización o despenalización de la prostitución aumentaría su demanda, con el consecuente incremento de proxenetas y traficantes promoviendo y expandiendo el tráfico sexual y la explotación infantil. Esta medida incentivaría a los clientes a comprar sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad con el inevitable aumento de la prostitución clandestina y callejera. Por todo ello creemos necesario crear un plan específico de sensibilización de la población general y diseñar medidas de integración social del colectivo de la prostitución, así como de actuación para la eliminación esta problemática que persiga y penalice al cliente y al proxeneta.

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