Tienda propia... con huerta propia

La cooperativa Aldea estimula la producción y el consumo responsable entre los vigueses


vigo / la voz

En el número 10 de Torrecedeira hay una tienda que, aunque en apariencia es como las demás, no lo es en absoluto, porque su modelo de gestión es completamente diferente a los negocios habituales. Aldea Cooperativa es un local como otros, con sus estanterías llenas de productos, sus cajas para frutas y verduras, su nevera para conservar a baja temperatura los que así lo requieren y su mostrador para cobrar al cliente. Pero es diferente porque nace de la gestión comunitaria del movimiento social cooperativo y como tal se constituyó en Vigo el 8 de marzo del 2014. La tienda llegó más tarde, hace año y medio. Antes iban a ferias y hacían envíos a domicilio a sus asociados. Tener un espacio físico a pie de calle les permite ser más accesibles, ya que cualquiera, aunque no sea socio, puede comprar allí.

Según explica la viguesa Ana Raña, que es la responsable del establecimiento, el triángulo en el que se mueven tiene estos vértices: local, de calidad y económico. «Aldea surgió a raíz de la iniciativa de un grupo de personas relacionadas con el cooperativismo, también con el 15-M, y con la agricultura ecológica de forma particular. Hubo unos cinco o seis socios iniciales que se propusieron crear una cooperativa de consumo accesible, que es el eje principal de nuestro proyecto, que llegue al mayor número de personas posible y que consumir ecológico no sea misión imposible por lo caro que sale. El objetivo principal es que la cesta básica esté garantizada», asegura.

Para eso tienen una huerta propia, que es lo que posibilita que el fresco de temporada pueda ofrecer precios asequibles, y buscan proveedores de marcas que sean buenas, pero no gourmet. Por otra parte despachan numerosos productos a granel que salen más baratos. Esa filosofía también va unida con la preocupación por el medio ambiente, ya que los envases generan muchos más residuos que contaminan el planeta.

En la tienda Aldea se surten de la huerta principal, que se encuentra en la parroquia de Matamá, y otras más pequeñas en Bembrive y Teis. La producción que generan limita la variedad. «Hay fresco de temporada, que es lo que hay que aprovechar. Si no, es cuando sube la cuenta. No tenemos casi frutales, pero sí nueces, castañas, manzanas, peras, higos, patatas, cebollas... En verano, cantidades industriales de tomate, pimiento, calabacín y judías. En invierno, repollo, acelgas y ahora mismo, tenemos ya un montón de calabazas», informa.

Ana, que se formó como educadora social, subraya que la cooperativa que preside, y en la que en este momento rozan el centenar de socios, es «un poco rara porque no es solo de consumo, sino también de trabajo, un modelo mixto que en Galicia casi no se contempla». Ella se ocupa de la tienda y otro compañero, de la huerta. Luego hay diferentes fórmulas para colaborar, como tareas de voluntariado a cambio de la moneda social que han creado, la landra, en billetes de 2 y 5 unidades. «Pero no es obligatorio. El que quiera puede ir a echar una mano», afirma.

En la cooperativa tiene socios de trabajo, que ingresan un capital social mayor, y un consejo rector, «pero las decisiones importantes se toma en asamblea», indica. Los socios de consumo desembolsan una cantidad inicial y única de 150 euros con dos años de permanencia mínima.

Pueden participar en el mercado social que les permite el intercambio de productos que ellos mismos elaboran (conservas o jabones, por ejemplo). Y tienen descuentos en los productos y en los talleres sobre alimentación y temas relacionados con la ecología que organizan periódicamente. De todas formas, la viguesa advierte que ellos no adoctrinan a nadie. «Nuestra máxima es la tolerancia y el respeto. Hay artículos para veganos y para vegetarianos, tendencia por la que nos inclinamos, pero también para los que no lo son. Tenemos una línea nutricional aprobada para que la gente sepa lo que compra, lo que come y lo que es más saludable, pero luego, que cada uno obre en consecuencia», opina. Ana Raña lamenta que el cooperativismo en Galicia esté tan verde: «Es la mejor forma de emprender, la más social y participativa para poner en marcha tu propia empresa».

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