El superhéroe con mascarilla

Un joven de O Morrazo que ha vuelto a la cancha con el Peixe Galego lucha con su madre desde varios frentes contra la leucemia


pontevedra / La voz

Los ojos de Álex hablan con una claridad silenciosa que no deja lugar a dudas. Tras la máscara que no se quiere quitar -de pie en la cancha del Marín Peixe Galego- sonríe, y se achinan un poco para dejar hueco a su sonrisa. Cuando posa junto a su madre Carmen Miranda, una de las trece fundadoras de la asociación Bicos de Papel -recién nacida para mejorar las condiciones de los pequeños usuarios de Oncoloxía del Hospital Álvaro Cunqueiro- se pone tan serio como ella. Se cogen las manos en un gesto de fuerza y saben que ese es el único motivo que tienen para dejar a un lado su inquebrantable optimismo durante un rato.

Si alguien sabe lo que es pelear son Álex Cabaleiro y su familia. El buenense de 15 años lleva dos derrotando una y otra vez a la leucemia. Tras pasar dieciséis meses ingresado -con pequeños respiros- acaba de volver a la cancha de baloncesto. Lo echaba de menos. «Si no fuera por el físico desastroso que tengo estaría jugando», reconoce. Unas molestias en los pies le han obligado a interrumpir sus entrenamientos, que centra en correr. «Hago quince minutos corriendo a mi ritmo, pero equivalen a dos horas corriendo a toda leche antes. Y además mi cuerpo ahora es muy pesado. Ya mover la pierna hasta aquí al correr me cuesta», dice, levantando gráficamente la rodilla derecha. Carmen, junto a él, explica: «Es que además de la leucemia le dio un derrame, se quedó paralizado del lado izquierdo y fue recuperando poco a poco». No hay ningún movimiento que lo recuerde. «Le falta un poco la mano...», corrige la madre, y rápidamente matiza el joven: «Me faltan un poco estos dedos de la mano izquierda, pero por suerte soy diestro».

Son un equipo imbatible. Carmen reconoce que en casa mandan al cincuenta por ciento. Pero el resto del tiempo es de él. «Dicen que tengo un don de liderazgo», reconoce Álex para aclarar por qué tiene tan claro que va a estudiar Administración y Dirección de Empresas. Todavía no sabe a qué sector quiere dedicarse, pero sí que lo suyo es dirigir. Tal vez por eso sea el juego en equipo lo que más le gusta del baloncesto. Y del Peixe Galego.

Aunque llegó allí casi por casualidad. Él era más de fútbol sala, pero decidió no dejar de crecer y, cuando con apenas 10 años medía ya más de 1,60 metros, quiso probar suerte con el básquet. Y el equipo azul era el mejor de la zona. «Probé un entrenamiento y desde ahí me pusieron en el primer equipo, al ser alto y porque se me da bien. Jugaba de alero porque tiro muy bien, pero defendiendo siempre me tocaba el grande», bromea desde su 1,93 metros, y ríe tras la máscara.

Clases en el hospital

Lo hace porque recuerda lo divertido que es hacer tapones y lo mucho que se sufre desde fuera de la cancha. «Dentro estás más tranquilo porque puedes jugar, pero fuera no. Estás con la angustia cuando están empatando y piensas: «Ay, como fallen una canasta, que se va el partido...».

Y Carmen, sin darse cuenta, sonríe cuando él lo hace. Son sus pequeños momentos de tregua, en los que puede dejar a un lado su lucha para que pongan una sala solo para ellos en el hospital, profesores, clases on-line y otras cosas.

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