«Tras traer a The Rolling Stones quise contratar a U2, pero no estaban de gira»

La entonces concejala de Cultura Maite Fernández rememora el concierto de la mítica banda inglesa en Vigo con la espectacular gira «Bridges to Babylon»

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vigo / la voz

«Yo no quería más cutrefiestas», afirma Maite Fernández, concejala de Cultura de Vigo en 1998. Fue el año en el que The Rolling Stones detuvieron en Balaídos su tour Bridges to Babylon. Su afirmación está basada en la escasez de presupuesto que había dejado el anterior gobierno municipal cuando tomó posesión del cargo. «Surgió la posibilidad de optar a ser una de las sedes de la gira de The Rolling Stones en España y yo me eché para adelante», recuerda.

Ahí empezó un largo y complicado proceso de negociación con la empresa catalana que llevaba la gira. Y cuando todo parecía encaminado, el enemigo surgió en casa. «Nos pidieron una fianza de treinta millones de pesetas pero nosotros no tendríamos el presupuesto hasta que se aprobase al año siguiente, así que pedimos un anticipo a Caixavigo», relata la exconcejala entonces del Partido Popular. «Hasta la víspera de la fecha en que vencía el plazo no tuvimos la aprobación de la caja; la negativa venía de lo más alto porque yo llevaba las negociaciones con Gurriarán y él comprendía nuestra situación pero me decía que no le daban la aprobación. Y por encima de él no había muchas personas más...», señala en referencia al director general de entonces.

El dinero apareció ante la amenaza de convocar una rueda de prensa para explicar por qué no podían venir los Rolling.

Solucionado lo de la fianza, surgió la presión del Ayuntamiento de Bilbao, cuya fecha de la gira se había suspendido por problemas de alguno de los miembros del grupo británico. «Nos estuvieron presionando mucho para que les cediéramos la fecha, incluso nos ofrecía pagar todos los gastos y obtener algunos beneficios», apunta Maite Fernández, que estuvo temblando hasta que vio descender del avión en Peinador a sus Satánicas Majestades.

Con la directiva del Celta también surgió algún contratiempo. «Habían celebrado con un concierto el 75 aniversario del club, pero no protegieron el césped. Nosotros sí lo hicimos y sin embargo tuvimos que reparar lo que habían destrozado ellos», añade. A estos gastos hubo que añadirle otros 5 millones de pesetas en una obra de apertura del estadio, en la zona donde están los bomberos, para que pudieran entrar los tráilers que transportaban todo el material del estadio. «Con todo eso, el déficit para el Concello fueron 5 millones de pesetas, que habían quedado hechos en una obra. Fue un éxito. No recuerdo bien si fueron 230 o 240 millones de pesetas. La producción subió de los cien millones», explica Maite Fernández, que no duda en afirmar que este concierto marcó un antes y un después para la ciudad.

La Voz escribió en primera sobre aquel concierto del 18 de julio que fue «un espectáculo de luz, sonido, calor y un ambiente inédito en la ciudad». Una noche mágica, para la historia. «Vigo apareció a nivel internacional. Además fue un gran concierto, con unos Rolling en plena forma durante casi tres horas. Las personas que les seguían durante toda la gira decían que pocas veces respondieron de la manera en la que lo hicieron en Vigo», afirma Maite Fernández. Tanto ella como el alcalde Manuel Pérez pudieron conocer a Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts. Mick Jagger estaba descansando cuando recibieron la protocolaria visita de bienvenida.

Tras aquel éxito, Maite Fernández se envalentonó y quiso mantener el nivel de las actuaciones. «Mi siguiente apuesta era U2, lo que pasa es que no había gira en Europa al año siguiente», apunta. Sí logró contratar a REM y Metallica, aunque, como dice, no fue comparable a la presencia de los Stones.

Aquel concierto le sirvió incluso de ayuda personal para librarse del exceso de celo de la policía israelí. «Poco después, un técnico de la concejalía y yo tuvimos que ir a Israel a recoger un premio por el programa Vigo, ciudad educadora», sitúa la anécdota. «Para entrar no hubo problemas, pero para salir nos sometieron a un intenso interrogatorio, que solo se detuvo cuando abrieron mi maleta y vieron en un periódico que salía yo en la foto con los Rolling Stones. Fue como un pasaporte», afirma. «Hubo empresas que colaboraron a financiar el concierto, pero aún estoy esperando por la ayuda de Caixavigo», concluye.

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