Julio César en las islas Cíes

Eduardo Rolland
Eduardo Rolland VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

XOAN CARLOS GIL

Las fuentes clásicas y la historiografía moderna apuntan a la estancia del futuro dictador de Roma en la ría de Vigo

22 ago 2017 . Actualizado a las 22:54 h.

 Esta semana se cumplen 2.077 años de la llegada de Julio César a las islas Cíes. El 24 de agosto de 60 a.C., el futuro dictador perpetuo y padre adoptivo del primer emperador (Augusto), puso su sandalia sobre la arena de la playa de Rodas. Así lo afirma Xosé María Álvarez Blázquez en su obra La ciudad y los días. Quien fuera cronista oficial de Vigo usa como fuente la Historia de Vigo de José de Santiago y Gómez, editada en 1896 y contada con pasión, aunque sus datos estén ya muy superados por la historiografía posterior. Aunque todavía haya quien beba en esta fuente, sus aguas hace tiempo que manan turbias. La reedición en facsímil de esta obra en 2005 por la Diputación Provincial hace que algunos aún vuelvan a ella, cuando es muy poco fiable, incluso en acontecimientos señeros como la batalla de Rande o la Reconquista.

Pero Álvarez Blázquez ­­(un historiador realmente notable) usa en su caso la fuente con un toque de humor. Le gusta hacerlo en sus artículos en prensa, para divertir al lector. Y así lo hace para referirnos la visita de César, que en la realidad está envuelta en las nieblas de la historia. Que le ponga fecha exacta (el 24 de agosto de 60 a.C.) es poco menos que una broma.

Ahora, con la candidatura de las Cíes a Patrimonio de la Humanidad, vuelve regularmente la historia de Cayo Julio César en el archipiélago vigués. Y es buen

momento para repasar qué puede haber de verdad en ello. José de Santiago y Gómez cuenta que César, al frente de dos legiones, llegó a Erizana (hoy Baiona) persiguiendo a la tribu lusitana de los herminios, que se habían refugiado en las Cíes, una de cuyas islas se llamaba Albiano. Allí «existía un templo druídico frecuentado por los que querían llegar a los últimos grados de iniciación religiosa y, por ser lugar sagrado, lo consideraban los herminios como invulnerable y estaban tranquilos en este refugio». Según la narración de esta Historia de Vigo, César intentó desembarcar en la isla del Sur, San Martiño, entonces llamada Lancia. Pero, ante la resistencia de los defensores, que arrojaron una lluvia de flechas y piedras, finalmente pisó Rodas, en la isla de Faro.

Álvarez Blázquez retoma la historia y cuenta que César no pudo rendir a los herminios en la batalla. «El invencible general no pudo pues vencer a los herminios por as armas; tuvo que rendirlos por el asedio y el hambre, ya que ninguna nave amiga podía ya acercarse a las Cíes. Al final pidieron la paz y Julio César pasó a las islas. Allí descansó una temporada. Y allí no será difícil encontrar vestigios de su paso».

Asombra tanto nivel de detalle, porque no está bien documentada la estancia de César en la Hispania Ulterior como propretor, en el curso de la cual acometió la guerra contra los herminios en el norte de la Lusitania y en la tierra de los galaicos, la futura Gallaecia. Plutarco dice: «Una vez llegado a Hispania, desplegó rápidamente una intensa actividad; en pocos días logró reunir diez cohortes y las añadió a las veinte que se encontraban allí; marchando contra los galaicos y lusitanos, los derrotó y avanzó hasta el Mar Exterior, sometiendo a los pueblos que aún no prestaban obediencia a los romanos».

Su objetivo real era otro: hacer dinero, porque había contraído una onerosa deuda con Craso, producto de sus primeros escarceos políticos en Roma. Una buena campaña militar era la mejor forma de resarcirse de una mala racha de finanzas en la Ciudad.

El historiador Víctor Alonso Troncoso, catedrático de la Universidade da Coruña, reconoce que la presencia de Cayo Julio César en Gallaecia «constituye uno de los capítulos más atrayentes de la historia antigua de Galicia». En una monografía, repasa también las fuentes de Suetonio, Apiano y Dión Casio. Y concluye que César estuvo en la actual Serra da Estrela combatiendo a los herminios, pero se inclina porque las islas donde se refugiaron eran las Berlengas, frente a la costa lusa de Peniche.