Una marea de indignación en el puerto

Cientos de turistas exigen la devolución del dinero del billete a las Cíes y reclaman los perjuicios


vigo / la voz

«Nos sentimos engañados», clama Antonio Águilas, un turista granadino que ha venido a pasar las vacaciones con su familia alquilando un bungaló cerca de Nerga. Ayer, como otras dos mil personas, se quedaron con las ganas de visitar las islas Cíes. «Mi mujer y mis hijos pequeños nos hemos pegado un madrugón con toda la ilusión y nos hemos tenido que quedar en tierra porque han vendido más billetes que las personas que caben en la isla».

Este andaluz sacó tiques para toda la familia hace tres días y fue ayer una de las doscientas personas que se agolpaban en las taquillas de Cangas protestando contra la naviera y exigiendo explicaciones.

En Vigo la situación era similar, con varios cientos de viajeros en tierra esperando que les atendiesen sus reclamaciones. Ana Neira, de Bilbao pero de origen lalinense, comentaba que estaba intentando llegar a las islas en compañía de varias amigas vascas. Exhibía una hoja de reclamaciones presentada ante el Instituto Galego de Consumo. «He reclamado los gastos de los billetes y también los de la autopista desde Santiago», explicaba.

Un grupo de viajeros que se quedó en tierra en Baiona, donde tuvo que bajarse del barco por la intervención de la Guardia Civil, se quejaba de que ya habían contratado la comida para cincuenta personas en el cámping y que hasta las 20 horas no tenían el autobús de vuelta a su pueblo, Coles, en la provincia de Ourense.

Tensión

En las oficinas de naviera Mar de Ons los empleados estaban desbordados por las reclamaciones y trataban de atender lo mejor que podían a los clientes. Pero alguna de las trabajadoras no podía más por la tensión. «¡Me quiero morir!», señalaba una de las azafatas llorando ante sus compañeras tras recibir una avalancha de quejas.

En el barco donde se producía el motín de una treintena de pasajeros hubo algún momento un poco tenso con un viajero que estaba muy alterado. Según los testigos, un policía marítimo le tocó ligeramente en el dorso, lo que enfureció más a esta persona, pero la rápida intervención del resto del pasaje evitó que se llegase a las manos.

El joven madrileño Jorge Ballesteros comentaba bajo un sol sofocante que «las autoridades saben lo que pasa y se crea una indefensión al cliente». Ballesteros está hospedado en Vigo con su familia y vuelve a su casa el martes por lo que se ha quedado con las ganas de visitar una joya candidata a patrimonio mundial.

La mayoría de los clientes estaban indignados contra Mar de Ons. En cambio otros pasajeros de otras navieras se mostraban comprensivos con lo ocurrido. Diego Morillas, de Barcelona, manifestó que: la naviera Rías Baixas se ha portado bien con nosotros. «Nos han explicado bien lo que ha ocurrido y nos han devuelto el dinero en la taquilla», aseguraba este catalán, que no perdía su seny.

La mala imagen por los dos mil indignados protestando en las oficinas portuarias de la ría se completaba con papeleras llenas de basura desbordante y atadas con una cinta.

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