Las tierras raras del Galiñeiro

El techo de Vigo atesora infinidad de minerales, vestigios megalíticos y una reserva ecológica

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Con sus 711 metros (más o menos) es la cumbre más alta de nuestro entorno. La modesta mole granítica del Galiñeiro es un referente del skyline natural del área metropolitana. Nuestra ruta toma parte del sendero PR-G1 (o sea, pequeño recorrido Galicia 1) y circunvalaremos la doble cumbre del emblemático monte, que representa el extremo occidental de una sierra que se extiende hasta la desembocadura del Miño. El inicio de nuestra ruta, partiendo de un polígono industrial y cruzando una cantera puede resultar un tanto triste, pero nos aporta claves interesantes para interpretar el valor de la sierra. Para empezar conviene que nos fijemos en lo que tenemos bajo nuestros pies.

Quizás nos parezcan normalitas y conocidas a simple vista, pero estamos pisando lo que

se denominan geológicamente «tierras raras» Se trata del conjunto de 15 óxidos metálicos, que se agrupan en el conjunto de los lantánidos, más el escandio y el itrio, y que a su vez se encuentran mezclados con unos 25 minerales distintos, una especie de

«casa de la Collona mineral» que diría Eduardo Rolland. Estos recursos están en el punto de mira de posibles explotaciones mineras. No es la única amenaza del Galiñeiro, sobre el que sigue latente la posibilidad de instalar un parque eólico, aún no descartado

definitivamente. Ningún aprovechamiento eléctrico, por muy renovable que fuera, podría compensar su pérdida paisajística. Mejor ahorremos energía y, por supuesto, aprovechemos el viento, pero en lugares (que tenemos de sobra) más eficientes, como el

mar. Como podemos comprobar la riqueza geológica de la sierra es muy destacable, pero no olvidemos su patrimonio histórico, con sus monumentos megalíticos, mamaos y castros de Virxe das Neves y los excepcionales petroglifos como los de Auga da Laxe.

Sobre el patrimonio natural tenemos abundancia para saturar todos los sentidos. El factor viento es determinante para la flora de montaña, en este caso muy alterada por la acción humana y sus repoblaciones con especies exóticas y por los recurrentes incendios que todavía son una constante en el entorno del Galiñeiro, aunque no solo incendios y repoblaciones fueron alterando la cubierta vegetal. Esta vegetación está condicionada directamente por la influencia de la fauna. En el caso del Galiñeiro fundamentalmente por el ganado en semilibertad, especialmente equino (seguramente nos cruzaremos con grupos de caballos, entre ellos los Garranos, raza autóctona en peligro de extinción) que ramoneando consiguen controlar ecológicamente el matorral y monte bajo, lo que se denomina «limpiar el monte». A poco que nos fijemos por el borde de los caminos descubriremos huellas de raposo, teixugo y visón (en este caso americano, especie (exótica e invasora). En semejante ecosistema viven plácidamente los reptiles, disfrutando del sol, por lo que a nuestro paso veremos lagartos arnales, lagartixa galega, eslizones, culebras bastardas y, no se inquieten, tímidas y asustadizas víboras de Seoane. Las aves de montaña tienen una excelente representación en las currucas, carrizas, los ruidosos pimpines y sobrevolando al acecho azores y águilas ratoneras.

Recorrido circular

Recomendamos tomar la cumbre como referencia circular, pero tampoco nos fiemos excesivamente de las señalizaciones que, como lamentablemente suele suceder, a veces contribuyen a desorientar más de lo que ayudan para no perderse. Sin sacar la cosa de contexto podemos afirmar que el Galiñeiro nos lleva poniendo los cuernos desde hace mucho, porque así, «vía cornos» se conoce el trazado que ha convertido a nuestro monte en una legendaria escuela de escalada donde figuras de nuestro montañismo como Chus Lago o Chechu López hicieron sus primeras ascensiones. No es casualidad que sean de las personas más implicadas en su conservación y su objetivo final, la necesaria ampliación del parque natural del Monte Aloia que, incluyendo faro Budiño, algún día será el Parque Natural da Serra do Galiñeiro. En eso está, afortunadamente, la plataforma en defensa de la sierra.

La queiruga regenera el suelo del monte

La mejor miel de la más discreta de las flores de montaña. La queiruga (Erica cinerea) es una planta precursora que conquista heroicamente las rocas y consigue generar suelo fértil, especialmente valioso en lugares tan expuestos a la erosión. Romper piedras exige raíces poderosas y los corgos, sus raíces leñosas, fueron especialmente apreciadas para las chimeneas por su extraordinario poder calorífico.

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