Gonzalo de Vigo


Cuando falten ideas para poner cosas en las rotondas, aquí va una: Gonzalo de Vigo. Porque esta semana estuvo en el puerto una réplica de la nao Victoria, la nave con la que Juan Sebastián Elcano dio la primera vuelta al mundo. Por un euro podía visitarse el cascarón de madera con el que Magallanes zarpó en 1519 con el objetivo de hallar una ruta occidental hacia las Islas de las Especias. El navegante portugués lo logró pero no sobrevivió a su aventura al caer muerto en una refriega en las Filipinas. Pero en aquella aventura hubo también un protagonista gallego, vigués más concretamente.

Fue un joven marinero que desertó de la expedición de Magallanes en 1521 y se convirtió en el primer robinsón del Pacífico. Durante cuatro años sobrevivió con los aborígenes en las Marianas hasta que en septiembre de 1926 lo encontró casualmente la flota de Jofre García de Loaísa, que había zarpado de A Coruña siguiendo la ruta de Elcano.

La historia de Gonzalo de Vigo, que narra el escribano de la segunda expedición, Andrés de Urdaneta, es digna de un peliculón. Por no decir que es más difícil encontrar a un señor perdido en la Micronesia que rescatar a un tío en Marte. «Soy gallego, vigués más concretamente, y mi nombre es Gonzalo de Vigo», dijo cuando lo encontraron.

«De entre todos aquellos indios _escribe Urdaneta_ se irguió uno que comenzó a saludar a la moda de España; venía casi desnudo, con el cabello llegándole a las nalgas». Aunque es personaje de fama mundial, en Vigo nunca le hemos dado bola. Como es tradición local. Anótenlo como idea para rotonda.

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