Emaús


Es fácil abrazar la misantropía, porque las noticias no ayudan. Pero estamos rodeados de gente buena. Como el equipo en Vigo de Emaús, una fundación social que cumple 11 años en la ciudad. Los conocí ayer en la presentación de su proyecto Weelabs, que busca una salida laboral para jóvenes con problemas. Y lo hace enseñándoles a reparar y reciclar aparatos electrónicos. Es una bonita metáfora: se les da una segunda oportunidad a todos esos cacharros que tiramos en cuanto los vemos viejos o se averían. Y se ofrece una forma de vida a quienes no han tenido suerte. O incluso a cualquiera, ya que vivimos -no podemos olvidarlo- en un país con casi un 50 por ciento de desempleo juvenil.

Emaús trajo ayer a Vigo a expertos en reciclaje, en medio ambiente, en distribución, en electrónica y otras disciplinas relacionadas con su proyecto. Y todos aprendimos. También sobre una ONG que tiene unos principios notables. Porque vienen de aquellos traperos de Emaús que, a mediados del siglo XX, fundó en Francia el Abate Pierre. Su historia es asombrosa. Y habla de la generosidad enorme de un movimiento que llevó incluso a ciudadanos bien situados a revolver en la basura y mendigar por las calles para ayudar a los más necesitados, en un momento de gran miseria. Es de verdad interesante cómo surgió este movimiento, que desde el principio abogó por ser laico, lo cual es un gran acierto. Como también su vocación por el reciclaje (les viene desde el origen), que ahora materializan en este proyecto europeo de integración laboral. Buscando una nueva vida para las personas a las que a veces el sistema trata como a trastos.

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