El siglo del Concurso Hípico de Vigo

Desde su creación en 1910, fue un éxito y su recaudación permitía sufragar todas las fiestas de la ciudad


Durante un siglo, el verano no se entendía sin él. Porque desde su creación, en 1910, el Concurso Hípico despertó una auténtica pasión en la ciudad. Graderíos llenos, colas para las apuestas, atascos de tráfico y una recaudación que permitía al Ayuntamiento no solo costear este espectáculo sino que sobraba el dinero para sufragar el resto de las fiestas. Incluso hubo auténticos ídolos, con jinetes como Goyoaga, Martínez Vallejo, el vigués Autrán o portugueses como Malta da Costa o Pimenta da Gama, siempre favoritos del gran público.

Aunque la hípica parezca un deporte de élite, el concurso de Vigo no era para nada elitista. Ya en las primeras ediciones las fotos de Pacheco nos muestran gradas y palcos donde convive la burguesía local con el obrero. Para todos es un evento social, además de deportivo. Porque el Hípico nació en 1910 de la iniciativa popular, a cargo de la Comisión Municipal de Festejos. Y el éxito fue inmediato.

En las primeras ediciones, celebradas en el campo de A Florida, se producen los primeros grandes atascos documentados en Vigo. De hecho, los medios hablan de que se estrena la figura del guardia de tráfico, para ordenar el caos de vehículos a motor y de tracción animal. Y esto es así aunque buena parte de los vigueses llegan en barco, que sale desde O Berbés para desembarcar a los espectadores a la altura de donde hoy están los astilleros Barreras.

Los trofeos, expuestos en el negocio de P.P.K.O., son un espectáculo ya días antes de cada certamen. Al igual que los sucesivos trenes que cada año traen a los caballos. O las fotos que hace Pacheco y vende posteriormente como postales.

A lo largo de los años, el Concurso Hípico de Vigo va cambiando de emplazamiento. De A Florida pasará al Lagares, a Samil o a O Vao. A lo largo de un siglo, tendrá menos afluencia cuando se celebre en otros emplazamientos provisionales como el Aeroclub. Pero siempre llena, década tras década.

En 1930, llega un gran hito: las apuestas. Su estreno disparará los beneficios, que permitirán pagar toda la programación municipal de fiestas. Y los vigueses harán corrillos cada año para discutir a sus favoritos. Algunos, mandan traer boletines de la Federación Española de Hípica, para contar con información de primera mano. Y los periódicos publican pronósticos que son muy leídos.

Tanto cuajó el Hípico en la sociedad viguesa que llegaron a aparecer auténticos ídolos. El más grande fue Francisco Goyoaga, un campeón ganador muchos años de la preciada Copa Vigo. Su mujer, Paula Elizalde, es de las primeras amazonas en competir y ganar. Mientras hay otros grandes jinetes como Altuna, Rivera, Martínez Vallejo o Autrán, el primer vigués en ganar el concurso. Mención aparte merecen los caballeros portugueses como Malta da Costa o Pimenta da Gama, que despiertan las simpatías del público. En los periódicos, aparecen los vigueses pidiendo autógrafos a unos y a otros.

Porque el certamen es también un acontecimiento social. Las familias nobles de la ciudad compiten por invitar a los jinetes a sus fincas de recreo. Las sociedades hacen bailes en su honor. Y, ya a mediados de siglo, bodegas Bandeira hace clásica una recepción en su azotea, para contemplar la puesta de sol degustando sus vinos.

A lo largo de casi un siglo, hay años en que el concurso no se celebra. Algunos, por fuertes polémicas, como cuando el concejal Antonio Nieto Figueroa, Leri, amenaza con un boicot porque cree que las pruebas en O Vao interfieren con sus Campeonatos de Playas.

Pero hasta sus últimas ediciones, ya en la entrada al siglo XXI, el Concurso Hípico de Vigo será siempre un éxito. Que más tarde daría paso a la Copa del Mundo, que se celebrará en el Ifevi. Y que, a lo largo de casi cien años, demostró la pasión de una ciudad.

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