Pretender... y conseguirlo

La banda de Chrissie Hynde demostró anoche en Vigo que sigue en forma. El público dejó atrás la nostalgia y le siguió

Concierto The Pretenders en Castrelos La mítica banda se unió al calendario previsto para este verano en el famoso auditorio al aire libre de Vigo

Han pasado más de 20 años desde que estaban en boga, pero aquí sabemos esperar. Sabemos que aún no está todo perdido. Excepto a Madonna y a Prince, hemos visto a todas las estrellas de la galaxia musical ya bajando a rebolos por su discografía. No es el caso de The Pretenders, que se descolgaron por A Coruña hace 18 años. Pero aunque ha llovido desde entonces, después de aquello tampoco crearon gran cosa. Todas sus mejores canciones son de antes de aquel Viva el amor que contenía una extraña versión del Rabo de nube de Silvio Rodríguez. Así que no pasa nada. Es como si le hubiéramos dado al Pause. Ayer volvimos a presionar el botón y salió la música de los Pretenders de los 80 combinada con la del siglo XXI y el cóctel se agitó con gusto y la cantidad justa de embriaguez para no perder el norte.

Como si supieran que era un fraude salir de gira sin nada nuevo que contar, han esperado ocho años para sacar un disco que mereciese la pena. Ahora había motivos para volver a la carretera. El tour que les lleva por el mundo desde el año pasado llegó ayer a Vigo tras pasar por Lisboa. Llegaron por la tarde, para la prueba de sonido.

Siguen en forma

Para arrancar sonó Alone y el rugido del público, que dejó atrás la nostalgia, le siguió. La banda de Chrissie Hynde sigue en forma gracias al carisma de su líder, veterana rockera entregada a la causa animalista, lo que le impide cumplir el tópico de vestirse de cuero. El auditorio al aire libre del vigués Parque de Castrelos se llenó para escuchar a la banda. Una alianza intergeneracional de padres en modo abuelo cebolleta e hijos escépticos arrastrados por su vehemencia hasta el templo local de los conciertos. La parte de arriba, la que es gratis, estaba, como es tradición, a rebosar. La de abajo también estaba llena. La entrada costaba seis euros. Y si el grupo te gustó alguna vez, hay que ser muy rata para no invertir en un directo un dinero con el que te puedes comprar descargas digitales a cascoporro, pero nunca sentirlo de la misma manera, pegando botes y subiendo fotos a tu Instagram por un puñado de

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A lo largo de casi dos horas sonaron las nuevas (y buenas) Holy Commotion o I hate myself y las viejas (y más que buenas para viajar en el tiempo) Brass in pocket, Kid, Middle of the road o Back on the chain gang... Justo cuando el público empezaba a animarse al ritmo Don´t Get Me Wrong, Hynde pidió la palabra.«Tienes una tierra maravillosa», dijo en un español que le costaba recordar. «Yo sabía español, pero me olvidé», apuntó antes de felicitar a los presentes por la candidatura de la parte viguesa del Parque Illas Atlánticas como patrimonio de la humanidad. Después continuaron los clásicos. Fue el turno de Kid.

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