70 hijos llegados desde el Sáhara

Las familias que en verano acogen niños ven cómo crecen a lo largo de varios años; «son nuestros hijos», dicen

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vigo / la voz

«Se levanta a las 11, no es muy madrugadora. Le encanta el cine, y es muy coqueta, como toda niña de 13 años». Así describe Francisco Real a Sumaia, «su hija saharaui», como él mismo la llama. Fran y su mujer, Patricia Fernández, llevan cinco años participando en el programa Vacaciones en paz, un proyecto de acogida temporal de niños del Sáhara. La ONG Solidaridade Galega co Pobo Saharaui colabora desde hace 27 años con el Gobierno saharaui para dar casa durante el verano a más de 300 niños. El vicepresidente de la asociación, Emilio Portela, asegura que «la experiencia es preciosa». Lo sabe de primera mano.

Este año hay 70 familias viguesas que esperan impacientes a estos niños, entre ellos Fran y Patricia. Su hija Sumaia llega por tercera vez a Vigo, ilusionada por volver a ver a sus padres españoles y a los vecinos del barrio. «Es una más aquí, hace bromas con todo el mundo», dice Fran. La pareja se siente afortunada de tenerla en su vida: «Desde el primer momento nos sorprendieron los valores familiares tan fuertes de estos niños, y el poco apego a lo material comparado con el que le damos nosotros. Comparten todo lo que tienen, aunque sea poco», explica Real. «Ha cambiado nuestra percepción de lo que importa en la vida». Han aprendido a superar las diferencias culturales: «Al principio te choca verlos rezar, pero en seguida nos acostumbramos. Ahora, cada vez que viene vamos a buscar una piedra que guste para sus rezos» expresa Fran.

Las culturas son distintas, pero no son una barrera para el entendimiento. Sandra Peñarete y su marido, Carlos Docampo, viven este verano por primera vez esta experiencia: «Ya hace tiempo que en nuestro barrio vienen muchos niños saharauis en verano, se integran a la perfección y siempre los vemos en las fiestas del vecindario. Este año por fin decidimos acoger nosotros también».

Así es como han conocido al pequeño Mohamed: «Es muy espabilado, está aprendiendo el idioma muy rápido», asegura Sandra. En solo una semana, Mohamed ha revolucionado las vidas de la pareja y de sus hijos, Martín (12) y Gabriela (7). «Mohamed le preguntó a Gabriela por qué dejaba los guisantes, si están muy ricos. Ahora Gabriela se come por lo menos la mitad», explica Sandra divertida. «Está claro que mis hijos tendrán que adaptarse a Mohamed y él a ellos, pero lo que aprenderán todos de esta convivencia será para siempre».

Fran resalta la importancia de mantener el contacto con los niños cuando no están allí. «Hablamos con los padres y hermanos de la niña, que nos consideran dos miembros más de su familia. El vínculo que tenemos es muy especial». Aunque la pareja solo vea a Sumaia dos meses al año, la consideran su hija todo el año y «para toda la vida», dice Real. Y no duda en dejar claro a Sumaia que siempre estarán ahí para ella.

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