Brotes verdes en los muros de Vigo

La artista Mona Caron deja huella en una pared de la ciudad «recomendada» por Liqen


vigo / la voz

Mona Caron es una acreditada artista nacida en Suiza y asentada en San Francisco, conocida y reconocida en el mundo entero por su trabajo como muralista y también por su activismo en múltiples frentes, en la batalla contra el cambio climático o en apoyo a causas sociales como la de los indígenas ecuatorianos. La creadora llegó a Vigo el pasado 23 de junio, tras aceptar la invitación cursada por el Concello de Vigo para participar en la tercera edición del programa de decoración de medianeras Vigo, cidade de cor.

Pero no fue por casualidad. La razón de que el Ayuntamiento vigués haya llamado a las puertas de la reputada artista está a su lado, subido a un andamio. Se llama Liqen, es también un muralista célebre en medio mundo y es de Vigo. Liqen (apodo y firma por la que se le conoce al hermano gemelo de Pelucas), ya había participado en las dos ediciones anteriores y como buen conocedor del sector, el consistorio tiró de él como asesor para poner en la lista autores importantes. «Me llamaron preguntándome si sabía de gente con trabajos interesantes para que hicieran obra en Vigo. Y ya que tenía la posibilidad, pensé en gente que controla de verdad de esto», recuerda.

El vigués vio el cielo abierto y no tardó en sugerir el nombre de Mona Caron, junto a algunos más. «Cuando vieron su trabajo, se derritieron como helados», asegura con sorna. Ambos trabajan juntos en el mural de la calle Coruña, 9, pegado a un párking y su obra crece día a día como una planta regada con pintura.

«Llevábamos siete años hablando, pero nunca habíamos coincidido, así que era la oportunidad perfecta», argumenta el artista, que ahora se ha convertido en el pinche de la suiza, aunque ella dice que no, que es a medias. Él la tranquiliza: «¡No te preocupes, que a mí no me gusta el protagonismo y además me encanta hacer fondos!», y añade que «es que el Concello no me quiere, porque ya participé en este programa y porque les monto pollos», afirma. Quizás se deba a que, por ejemplo, dice que «han metido en esta historia a gente que no tiene nada que ver con el muralismo. Es como si organizas un campeonato de surf y traes a regatistas», cita. «Llevamos 20 años en esto y ahora parece que lo han inventado otros», protesta.

En una pausa, bajo un sol abrasador, refugiados debajo de una sombrilla con sillas que crean un escenario de pícnic urbano sobre el cemento, Mona añade a su versión que, cuando la llamaron, pensó: «Vigo..., de qué me suena, ¡ah!, el lugar donde vive Liqen, con el que me encantaría hacer una colaboración. Acepté inmediatamente». «Era un amor platónico», apostilla él.

El presupuesto, además de todo el material necesario, incluye el viaje, asistentes y manutención. «Lo que deja vale mucho más que lo que cuesta», defiende Liqen.

A distancia, ambos elaboraron el boceto de la obra a medias y están pintando desde la mañana hasta la noche desde que Mona llegó a Vigo. «Hemos discutido mucho. Yo soy el mundo de las sombras y ella el de las luces», bromea. El tema está dentro de la línea temática de Caron. «El enfoque de la serie que tengo con plantas no es exactamente ecologista. Yo dibujo malas hierbas de jardín, ellas son las únicas capaces de romper y traspasar el cemento con paciencia, uso esa idea para transmitir un símbolo de esperanza y cambio», aclara.

Respecto a la semilla que dejará en Vigo, explica que «tiene un fondo crítico y un final esperanzador: que hay manera de salir de este mundo tecnológico. No quiero decirlo todo y dejar lugar a la imaginación». Liqen añade que aparecen mezclados el mundo inanimado y los circuitos. «El contrapunto es una flor con gente alrededor compartiendo un momento sencillo, personas que escapan por el tallo y una hoja que te invita a subir», argumenta.

El programa arrancó con retraso y ahora completan la obra a toda mecha porque el sábado, Liqen vuela a Múnich para empezar otro mural dentro de una campaña municipal, «están eliminando los espacios publicitarios para llenarlos de arte. Si no da tiempo, ella se queda un día más para rematarlo antes de irse a otro proyecto en Ucrania y una visita de camino a su familia en Suiza. «Estoy encantada de haber participado en esta experiencia, admás hay un equipo de apoyo fantástico, añade, como Doa Ocampo, Emilia Guimaraes o los chicos de pinturas Ega», insiste.

Qué. Mural dentro del programa municipal «Vigo, cidade de cor».

Dónde. Calle Coruña, 9, en una jugosa medianera de Telefónica deseada por Liqen desde hace años.

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