«De alguna forma, Saramago se quedó para siempre en Vigo con su cátedra»

La exposición de La Voz sobre 50 personajes ilustres que pasaron por la ciudad recuerda tres con la Universidad: el nobel portugués, Carlos Fuentes y Ferrán Adriá


vigo / la voz

Alguna de las visitas más ilustres que ha tenido Vigo en el último medio siglo se deben a su Universidad. De ello da fe la exposición del 50 aniversario de la edición local de La Voz de Galicia. Miles de ciudadanos están viendo las imágenes en la calle del Príncipe, recordando entre otros a José Saramago, Carlos Fuentes y Ferrán Adriá.

El premio Nobel de literatura portugués clausuró el 5 de noviembre del 2005 el Congreso Internacional sobre Memoria y Cine en la Facultad de Filología. «Aceptó y vino sin cobrar ni un duro, lo que dice mucho de su calidad humana. Le interesaba el tema y le gustaba estar en contacto con la gente joven. Fue un auténtico acontecimiento, el salón de actos estaba abarrotado. Pese a que el avión se retrasó, la gente esperó», comenta Carmen Becerra, amiga personal y profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Facultad de Filología.

La escritora y periodista Pilar del Río, viuda de Saramago, lo recordaba ayer: «Viajero por tierras gallegas, estuvo varias veces en Vigo y, de alguna manera, se quedó para siempre con la cátedra que lleva su nombre». Elogia el interés de la Universidad por la publicación de otros autores dentro de esa cátedra, que «agiliza y mueve el conocimiento de la cultura gallega y portuguesa».

Buena muestra de la oferta heterogénea de la institución académica viguesa fue la visita de Ferrán Adriá el 23 de febrero del 2010. En este caso se enmarcaba dentro del acto que cada dos o tres años dedica la Universidad a las empresas que colaboran con ella a través de becas o másteres. Para ello se busca un ponente estrella. El primer año fue Ana Patricia Botín.

«Hicimos las gestiones para traer a Ferrán Adriá. Nos dijo que sí y nos marcó la fecha. Solo nos pidió que hiciésemos público que no cobraba», explica el impulsor, entonces vicepresidente y en la actualidad presidente del Consello Social de la Universidad, Ernesto Pedrosa. «Nos pidió que le llevásemos a un restaurante tradicional gallego y fuimos a cenar al Mosquito. Fue una revolución, allí apareció Carmiña y todo el personal», añade.

Sobre la personalidad de Adriá apunta: «Es una persona muy normal, con ciertas dotes de genio, de los que no hay muchos, unas ideas que trascienden de la cocina. Me contó su vida, que vivía en un piso normalito, que hacía cinta todo los días... Con él los cocineros pasaron de estar denostados a elevarlos a la categoría de estrellas», comenta Pedrosa.

Otra muestra de ese interés de la Universidad por el mundo literario fue el nombramiento como doctor honoris causa de Carlos Fuentes en el 2001. La propuesta partió de un profesor de la Facultad de Filología. Al entonces rector, Domingo Docampo, el acto le supo a poco. «Tengo un recuerdo de él extraordinario, de una persona encantadora y con un trato exquisito. Pero me quedó un poco la sensación de que no estuvimos a la altura, no había el lleno que esperaba. Por aquella época estuve en un acto en la Universidad de Nuevo México, en Alburquerque, al que asistí, y había más de quinientas personas, hubo que habilitar tres salas adyacentes. Y eso que es una universidad norteamericana en la que no todo el mundo habla perfectamente español», indica el exrector.

El profesor Manuel Candelas, entonces decano de Filología y padrino de Fuentes en el acto, corrobora las palabras de Docampo: «Era dicharachero, simpático, entretenido. Yo estaba interesado en saber cosas de su vida y me contaba. Hablamos de México, de literatura... Era muy curioso porque nadie se le acercaba a charlar. Y yo tuve que ser padrino del acto a última hora. En la facultad el aforo era de unas 250 personas y habría algo más de tres cuartos de entrada», apunta.

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