El acelerador donado por Amancio Ortega ha tratado ya a 368 pacientes

La máquina para tumores del Meixoeiro lleva catorce meses y medio funcionando

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Así es uno de los aceleradores que donó Amancio Ortega a Galicia Es un acelerador lineal de electrones y sirve para tratar los cánceres más difíciles pero estos días hablamos de esas modernas máquinas por otro motivo: Amancio Ortega ha recibido críticas por su donación. Así es la máquina de la polémica.

vigo / la voz

El Hospital Meixoeiro de Vigo es uno de los centros beneficiados por las donaciones efectuadas por la Fundación Amancio Ortega. Un convenio con el Sergas le permitió disponer hace poco más de un año de uno de los aparatos más avanzados del mundo en el tratamiento del cáncer. Presta servicio al área de Vigo, al resto de la provincia de Pontevedra y a la población de Ourense en casos especiales. «Desde que nos donaron el acelerador lineal ya han pasado 368 pacientes por esta maquina, generalmente por tumores de cabeza, cuello y cerebro; o sea, otorrinolaringología y cerebro, que es lo más frecuente. También han pasado de próstata, pulmón...», explica a pie de máquina el doctor Víctor Muñoz Garzón, jefe de servicio de Oncología Radioterápica. En principio, los casos de cáncer de mama no pasan por el acelerador al entender que son más superficiales y se tratan bien sin necesidad de recurrir a este sistema.

La máquina se puede mover a mano y dispone también de una parte robotizada muy importante, sobre todo a la hora de colocar al paciente y el tumor, tal como apunta Muñoz: «La mesa tiene seis movimientos que permiten hacer la arcoterapia volumétrica. En uno o dos arcos hace todo el tratamiento, de ahí su rapidez y la capacidad que tiene de ir administrando el tratamiento». De hecho, la rapidez y la precisión son dos de las características más importantes que la diferencian de la máquina empleada desde el 2006. Esa precisión permite dar dosis más elevadas y acortar los días de tratamiento.

Se ha dado casos en los que su uso ha resultado fundamental, concretamente en lesiones pulmonares pequeñas con metástasis, que además se acompañan de movimientos respiratorios y algún aditamento más, como son los inmovilizadores del paciente o de respiración. «Esto no se podría hacer si no fuera con el acelerador lineal. De hecho, el Sergas nos lo autorizó este año debido al aumento de tecnología», indica el doctor. Su coste ronda como mínimo los dos millones de euros y la vida útil se calcula en doce o trece años, tiempo suficiente para amortizarlo, teniendo en cuenta que podría tratar a seis mil personas.

Víctor Muñoz no quiere entrar en polémicas con las donaciones, a propósito de la surgida recientemente a raíz de la última aportación de la Fundación Amancio Ortega. «Yo de política no entiendo, ni entro en situaciones de polémica política. Lo único que he notado es que hay una acogida muy grande entre los profesionales. El día 8, que fue la inauguración en Santander del Congreso Nacional de Radiología o de Oncología Radioterápica, hubo una ovación unánime a los representantes de la Fundación», indica.

 

«La Asociación Española contra el Cáncer donaba bombas de cobalto en los años sesenta»

Para el doctor Muñoz, las donaciones no son algo nuevo. Por el contrario, dice, «ya existían en los años sesenta, cuando la Asociación Española contra el Cáncer donaba bombas de cobalto».

Remite a la gráfica que se establece del producto interior bruto de cada país comparado con la capacidad de tratar a pacientes con radioterapia, encabezada por Alemania, Japón y Estados Unidos. España está situada en el intermedio, lo que, advierte, no quiere decir que la sanidad sea mala, sino que la sanidad es pública y para todo el mundo. «Tiene de todo, pero los saltos tecnológicos y la vanguardia de la tecnología está en otro punto», dice. Recuerda que en Estados Unidos hospitales y máquinas tienen el nombre de los mecenas que han donado algún aparato o construido un edificio.

«Que se hagan ese tipo de donaciones nos sirve a nosotros para dar un saltito en esa gráfica. No quiere decir que la sanidad pública se desentienda de eso. El Sergas y el Ministerio de Sanidad participan de becas europeas para que podamos pegar esos saltos, que hemos ganado por lo que habíamos perdido debido a la crisis y a una serie de cosas. Incluso nosotros hemos ganado una beca europea para desarrollar inmovilizadores de este tipo de tratamientos», añade.

En su trato con los pacientes detecta que están muy bien informados de todo y que lo único que quieren es estar bien tratados. «Les explicamos cuándo hay que hacer un tratamiento u otro y con qué velocidad hay que hacerlo. Lo que quieren saber es que su enfermedad se trata bien y esperar poco», concluye.

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