Fuego de Roma en la Alameda

La Voz

VIGO CIUDAD

La estatua de Méndez Núñez fue fundida en el mismo taller que la de Giordano Bruno

13 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La Alameda de Vigo y el Campo de Fiori de Roma comparten un mismo fuego: el que fundió las esculturas que presiden ambos espacios públicos. Porque el monumento al almirante Casto Méndez Núñez salió de la misma fundición romana donde fue creada la espectacular escultura a Giordano Bruno que domina una de las plazas más bonitas de la capital del Tíber. Ambas obras fueron instaladas con un año de diferencia.

Hasta aquí pueden llegar las comparaciones. Porque la estatua de Méndez Núñez es modesta y luce empequeñecida, dicen los rumores que por agotarse los fondos en la cuestación pública que hicieron los vigueses para erigirla en 1890. Mientras que el monumento a Giordano Bruno es espectacular, levantado en 1889 en el mismo lugar donde fue quemado vivo, bajo la acusación de hereje, en el año 1600.

Pero la una y la otra surgieron del mismo sitio: la fundición Crescenzi, situada fuera de la puerta de San Giovanni, no lejos de las termas de Caracalla. Llamada Fonderia Artistica Cavaliere Achille Creszenci, era en el siglo XIX una de las tres fundiciones más importantes de Roma. Y hasta allí se fue a hacer su encargo la Sociedad Higiénica y Recreativa El Gimnasio, cuando decidieron erigir un monumento al héroe del Callao.

El diseño de la estatua de Méndez Núñez le fue encargado al artista Agustín Querol, autor también del monumento a Elduayen en la calle Montero Ríos. Es posible que también esta segunda escultura saliese de la fundición Crescenzi.

El monumento a Don Casto fue inaugurado el 22 de agosto de 1890, con gran pompa y boato, además de la asistencia de toda una personalidad del momento: el inventor del submarino, Isaac Peral. Méndez Núñez se presenta con un gesto airoso, mirando en lontananza. En una mano, lleva un sable y unos prismáticos. Con el otro brazo, extendido, señala el horizonte. Un pergamino de bronce en el basamento lleva su sentencia más aclamada: «Más vale honra sin barcos que barcos sin honra».

La posición tan solemne del almirante contrasta con la presencia habitual de palomas y gaviotas que, no entendiendo de homenajes a los grandes próceres, se pasan las tardes posadas en la gorra o en el brazo de Méndez Núñez, mientras con sus deposiciones van cubriendo de guano las condecoraciones que flamean en su guerrera.

La inauguración de la escultura en 1890 atrajo un inmenso gentío a la Alameda. Además de Isaac Peral, asistió al acto un familiar del marino, Isidoro Méndez Núñez. Y la parte musical estuvo a cargo de los orfeones La Oliva, de Vigo; Los Amigos, de Pontevedra; Orfeón Gallego, de Lugo; las bandas de música municipales de Tui y Vigo; y las de los regimientos de Murcia y de León.