«La fuerte unidad sindical evitó el cierre de Vulcano hace 34 años»

El plan de reconversión naval se quedó en recortes de plantillas y astilleros

«La fuerte actividad sindical evitó el cierre de vulcano hace 34 años» Iglesias dice que el plan de reconversión se quedó en una reducción de plantilla

vigo / la voz

«Se llamó reconversión, pero lo único que se pretendía era cerrar astilleros y reducir plantillas. El empleo alternativo que se supone que tenía que llevar aparejado nunca llegó». José Iglesias es uno de los miles de trabajadores del sector naval de Vigo que vivieron de cerca el proceso de reconversión del sector.

Desde su puesto de fresador en la desaparecida fábrica de motores de Barreras, fue testigo de un escenario que llevó a muchos compañeros a reinventarse -«por lo menos a intentarlo», dice- aceptando las bajas incentivadas que se pusieron sobre la mesa, y a otros muchos a enfilar la recta de la jubilación anticipada. Lo que no vio, asegura, fue los empleos alternativos que, en teoría, tenía que llevar aparejada aquella decisión política.

El titular de portada de La Voz de Galicia del 4 de octubre de 1983 daba cuenta del alcance que iba a tener dicha decisión: «La reconversión naval supondrá el cierre de Vulcano y la pérdida de 3.500 empleos en Galicia», de los que a Vigo le tocaban 1.707 o, lo que es lo mismo, un 34 % del capital humano que en aquel momento tenían los astilleros de la ría. A día de hoy apenas se superan los 400 en total.

A juicio de José Iglesias, fueron las prisas de última hora lo que provocó que la pretendida reconversión se quedara en una mera reducción de plantillas. «Europa llevaba más de una década dando pasos para realizar la transformación no solo en el naval, sino también en otros sectores como la siderurgia, pero España no se había movido», dice. Añade que cuando otros países actuaban, aquí, en la recta final de la dictadura, «nadie quería meterse en grandes conflictos, y menos en los astilleros, que eran sindicalmente muy fuertes».

Sostiene Iglesias que lo que se hizo fue «ir parcheando». El Gobierno de Adolfo Suárez «templó gaitas y poco más. Europa decía que había que tomar medidas, incluidos cierres, pero no se atrevieron», dice.

Relata que el primer intento un poco serio de elaborar un plan para intentar cumplir lo que pedía Bruselas llegó en 1981 de la mano del ministro Ignacio Bayón. España no pertenecía aún al club comunitario, pero quería entrar y necesitaba hacer méritos. El golpe de Estado del 23-F descafeinó las medidas más traumáticas y se volvió a recurrir a los parches en forma de bajas incentivadas.

Cero trabajo alternativo

«Fue con la llegada del PSOE en el 82 cuando se planteó acometer realmente una reducción de la capacidad de producción de los astilleros. El problema es que lo llamaron plan de reconversión, y puede que hubiera plan, pero lo que no había era reconversión porque, ¿qué empleos alternativos se crearon? Ninguno. Todo se limitaba a cierres y recortes de plantilla. Los puestos de trabajo alternativo fueron cero. Por lo menos en Vigo», dice José Iglesias, que añade que aunque pudiera aparecer como tal la fábrica de motores que MBD abrió en O Porriño, en realidad no era más que la venta de la división de motores de Barreras. «Y llevó menos personal del que tenía aquí porque muchos pasamos al astillero», afirma.

Los trabajadores se revolvieron todo lo que pudieron y supieron, que no fue poco, contra aquella situación. La Voz contaba el 26 de noviembre que «entre 5.000 y 6.000 personas participaron ayer en la manifestación que se realizó en Vigo después de iniciada una huelga de cuatro horas en todos los astilleros y empresas auxiliares de la ría». La fuerza sindical les permitió la victoria en corto de garantizar coberturas económicas más que dignas para todos los afectados, aunque en largo supuso el inicio de una sangría en el sector que a juicio de José Iglesias «no se ha cerrado».

Relata que precisamente «fue la unidad sindical la que evitó el cierre de Vulcano hace 34 años». Sobre el astillero de Teis pesaba una sentencia de muerte que lograron que no se ejecutara. «Nos plantamos en Madrid, en el Ministerio de Industria y pactamos la solución. Barreras tenía en cartera dos grandes barcos y planteamos repartir la carga de trabajo. El Gobierno aceptó para evitar conflictos. Vulcano no solo se salvó, sino que estuvo funcionando muy bien durante años», dice. Lo que no se pudo evitar fue la muerte de Ascón, que llevaba ya mucho tiempo en cuidados intensivos.

Recuerda que lo único bueno de aquel proceso fue que no se produjeron despidos traumáticos, «aunque traumas sufrieron muchos compañeros, porque cuando toda tu vida has sido tornero y con 50 años te dicen que ahora tienes que trabajar de soldador o de calderero sufres, porque sabes que en el nuevo oficio vas a ser siempre un aprendiz, no vas a ser un operario completo».

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